Abandonando la corrección política


Abandonando la corrección política

El desarrollo del constitucionalismo moderno trajo consigo la instauración, en muchos países, incluido Colombia, del ESTADO SOCIAL DE DERECHO, en el que prevalece la promoción y protección de los derechos humanos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales.
Este avance en la instauración y ejercicio de estos derechos, ha sido el resultado histórico de las exigencias de grupos minoritarios de cualquier sociedad, como las mujeres, los grupos étnicos, los ambientalistas, etc.
Sin embargo, este avance en el pleno ejercicio de los derechos para toda la humanidad, ha traído consigo un efecto colateral poco deseable a la hora del ejercicio de algunos como el de libertad de pensamiento, de expresión y de informar y que se conoce como la Corrección Política, la cual consiste, palabras más o menos, en la práctica constante de lenguajes y acciones neutras, de tal forma que éstas no ofendan a los diversos grupos sociales que conforman la humanidad, esto es, todos pueden hacer y decir lo que quieran, pero con mucha precaución.
Como era de esperarse, esta correcta censura ha sido aprovechada hábilmente por algunos demagogos y demagogas (nótese la corrección política en el uso del lenguaje incluyente), para sacar provecho de su supuesto estado de vulnerabilidad, exclusión o persecución, para evitar la crítica, el debate y ganarse el favor de las audiencias, a través de esta especie de derecho divino que les permite hacer y reclamar todo, por el simple hecho de ser y estar en alguno de los llamados grupos minoritarios, que al ser revisados cuantitativamente, ya no lo son tanto.
La mordaza simbólica que en principio fue asumida para proteger derechos, poco a poco ha vulnerado otros, tal como se mencionaba atrás, con el agravante de su manipulación por parte de grupos económicos y políticos poderosos que buscan esconder la debilidad conceptual, académica, discursiva y hasta ética de sus representantes o protegidos, con el prurito que cualquier denuncia, declaración o crítica que se la haga a sus favorecidos o a ellos mismos, obedece a una incorrección imperdonable, ya que cualquier reparo que se les dirija, agrede a la mujer, al indio, la negra , el ambientalista, miembro de la comunidad LGTBIQ, que representa la entidad, partido o grupo de interés público, auspiciado por estas élites.
Abandonando todo pudor atribuible a la corrección política, se planteará un ejemplo de manipulación de esta corrección en el caso colombiano.
Las afamadas y tristemente célebres senadoras de la República, las señoras Paloma Valencia y Fernanda Cabal se presentan como las exponentes por antonomasia de la manipulación de la corrección política, no porque ellas la practiquen, sino porque se valen de ella para tapar sus constantes salidas de tono, su agresividad gestual y discursiva, así como su falta de argumentación política, jurídica o económica, a la hora de enfrentar un debate, al que responden con gritos e improperios, reclamando decoro y sindéresis de sus oponentes, arguyendo su condición de mujeres que merecen trato diferencial de equidad de género.
Es muy posible que la lectora o el lector (nótese nuevamente la corrección política de uso de lenguaje inclusivo) que haya seguido la columna hasta aquí, sienta una desazón, una molestia y hasta sienta que deba abandonar la lectura de tan patriarcal autor, se les ruega un poco de paciencia.
Claro que TODO ser humano es acreedor de TODOS los derechos, y que TODOS deben tener IGUALES oportunidades, eso es absolutamente claro, pero, en ese mismo sentido, la crítica, la denuncia o la simple opinión en contrario sobre el accionar público de cualquier persona, también tiene el rasgo de derecho fundamental, así dicha opinión, crítica o posición moleste, incomode o irrite al destinatario de ellas; de eso se trata la acción comunicativa que nos ha hecho humanos, de eso se trata la socialización entre personas, es el fundamento de la democracia.
Formular críticas, desacuerdos o si se quiere denuncias a una candidata, a un funcionario negro, a una directora indígena, a un funcionario homosexual, no es atacar su dignidad, es afrontar sus acciones dentro de su rol público, afirmar lo contrario es caer en la trampa de la manipulación y la demagogia de los mismos y las mismas que nos tienen como nos tienen a todos y todas.
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