A propósito del Quijote


A propósito del Quijote

“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que al hombre dieran los cielos”: Don Quijote
Don Quijote de La Mancha ha embelesado con su magia y sabiduría a la humanidad en cada época y región del planeta. Sin embargo, cuando el mundo sufre la furia del COVID 19, aislados no podemos congregarnos para conmemorar y celebrar la voz festiva y sagrada de Cervantes. Estamos confinados y desde el silencio de las bibliotecas, los museos, teatros, salones de clase en colegios, escuelas y universidades añoramos el bullir de las palabras.
Su obra, la mayor aventura de la libertad, nace en prisión. Su escenario natural es la cárcel de Sevilla, allí entre largos insomnios y momentos de angustia y depresión nace Don Quijote de La Mancha. La cárcel no es ajena al dolor y la desesperanza. Tiempo atrás, Marco Polo había dictado su libro de viajes en la cárcel de Génova, y en ese arcano ejercicio de lectura en voz alta sus compañeros de prisión viajaron al ritmo de su voz.
Cervantes se dedicó de lleno a la creación de su obra. Ofreciendo al lector diversas perspectivas y así crear mundos según su voluntad. Don Quijote es un libro escrito lentamente, con pluma y tintero, y sus palabras han sido cuidadosamente escogidas y meditadas desde la soledad. Por lo tanto, recomiendo una lectura también lenta, dejando espacio para saborear y reflexionar sobre lo leído.
El texto nos cuenta que don Quijote se vuelve loco cada vez que monta a Rocinante, pero cuando desmonta, sus frases nacen del más puro sentido común. Se ve frágil, pero cada día cabalga con más ganas, y no sólo por la manchega llanura, sino que es tentado a recorrer los caminos del mundo. Metido en su armadura, montado en su caballo, parece destinado a la derrota y al ridículo. Sin embargo, en sus delirios es libre y feliz. Siempre caemos asombrados ante sus obras imposibles, porque se toma el tiempo para la reflexión y la duda. En otras palabras, su actitud frente a la realidad es la de juego. En ese arcano ejercicio reside precisamente su capacidad para transformar la realidad y adecuarla.
La vida de Cervantes como la del Quijote fue llena de paradojas. Cervantes era hablador, buen bebedor, visitante asiduo de tabernas y jugador de naipes y como don Quijote, estaba a satisfacción entre gente humilde que entre las gentes de palacio. La forma de vida del pueblo le parecía por lo general más sensata, inteligente y honrada que la aristocracia, cuya ignorancia y corrupción le eran insoportables. Entre la gente sencilla se encontraba, a veces, verdaderos filósofos, personajes con quienes conversar y de quienes aprender. Somos conscientes de que la conversación es el verdadero medio de satisfacer la curiosidad insaciable, las ganas de conocer y entender el mundo que nos rodea. Pero para ser un buen conversador es imperativo ser un buen lector. El Quijote y Cervantes lo eran.
Otro medio de satisfacer su curiosidad era el viajar. Cervantes viajó mucho. Conocía Italia, Portugal, el imperio Otomano, Barcelona y Andalucía. Quería viajar más: a las Indias, por ejemplo, y quería volver a Italia. Es de saber que nuestro magno escritor solicitó empleo en América en dos ocasiones y dos veces fue rechazado, se llegó a decir que la limpieza de su sangre estaba en duda. Estaba prohibido viajar a las colonias americanas a quien llevara en sus venas glóbulos judíos, musulmanes o heréticos. Cervantes vio frustrado su viaje a América, pero su amado hijo, don Quijote la recorre altivo y glorioso a pesar del coronavirus. Logró su cometido, su mensaje ha viajado más lejos que cualquier libro y más alto que cualquier ideal, al punto de convertirla en la novela más popular de todos los tiempos y de todas las lenguas.
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