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viernes 27 junio, 2014 a las 5:56 pm

A propósito de las licoreras departamentales: “La banda borracha”

aguardiente caucano
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Por: Felipe Solarte Nates

Como ha sucedido durante décadas de diversas administraciones departamentales, vuelven y juegan los escándalos en la Industria Licorera del Cauca, por la extraña desaparición de licores, vinculados a los famosos ‘patrocinios’ y coincidencialmente, en épocas electorales.

La anterior gerente debió renunciar por irregularidades detectadas con relación con descuentos exagerados en precios a ciertos proveedores, el manejo turbio de patrocinios y en la edición del domingo 22 de junio, de El Nuevo Liberal, se ventiló el reciente caso de las 230 cajas por un valor de $50 millones envolatadas, “presuntamente por irregularidades cometidas por una auxiliar de facturación”, según declaración del gerente Carlos Alegría, quien después de conocidos los hechos presentó la denuncia ante las autoridades correspondientes. Este uno de los pocos denunciados a lo largo de más de 40 años de sucesivas administraciones liberales y conservadoras y de otros movimientos, que durante el Frente Nacional y la Constitución del 91, se han turnado para sacar provecho político y personal, en coadministración con el sindicato, de la principal empresa del Departamento, que a pesar de todas las sanguijuelas que la desangran, aún deja algunas ganancias, calculadas en más de $4.000 millones en el 2013 y cerca de $35.000 millones en impuestos.

Lo cierto es que las industrias de licores departamentales son entidades obsoletas sobrevivientes de un sistema de monopolios de fabricación y distribución de licores y tabacos heredado de la España colonial, y mantenido por medio de los ‘estancos’ adjudicados a los caciques políticos de los municipios durante gran parte de la vida republicana hasta finales del siglo XX, cuando la apertura de los mercados internos y externos, permitió el libre comercio de otros licores y aperitivos, que progresivamente quitaron el monopolio de los mercados departamentales, que amarrado mantenían industrias licoreras como la del Cauca.

Debido a malos manejos y al excesivo ordeño de los políticos que las han expoliado, en asocio con los sindicalistas, en la mayoría de departamentos del país las industrias licoreras quebraron y donde esto sucedió como en Nariño, el Chocó y los departamentos de la costa Atlántica, a las administraciones seccionales les resultó más barato envasar sus marcas de aguardientes y rones por el sistema de ‘maquila’ contratado con las grandes fabricas sobrevivientes, como las de Antioquia, Valle y Cundinamarca.

La apertura económica impulsada desde el gobierno de Cesar Gaviria, permitió la importación de alcohol etílico desde el Ecuador, a precios inferiores que el producido en Colombia por las fabricas departamentales, que desde entonces suprimieron sus unidades de destilación, dejando ociosa costosa maquinaria y personal, como sucedió en la Industria Licorera del Cauca y en la del Valle, donde a costos multimillonarios acababan de instalar una de las más grandes destilerías de alcohol de Latinoamérica.

El caso más patético y evidente del manejo politiquero y delincuencial que les han dado a las fábricas de licores departamentales se da en Caldas, donde fabrican el mejor aguardiente y ron del país y sin embargo está en grave crisis económica. Los contratos de distribución del ron Viejo de Caldas en otros departamentos por medio de las industrias licoreras seccionales, como en el Cauca ha sido fuente de corrupción y otros escándalos.

Los contratos exclusivos de distribución de los productos de las fabricas departamentales también han sido muy cuestionados por las irregularidades en los trámites previos a su adjudicación y durante el tiempo de vigencia de los contratos, tal como sucedió durante la administración departamental de Juan José Chaux Mosquera.

El manejo de la publicidad a través de la disposición de cierta cantidad de cajas para los ‘patrocinios y degustaciones’ también se ha prestado para negocios debajo de la mesa, al igual que la adjudicación de contratos a los medios de comunicación, regidos por el tráfico de influencias y políticas de ‘amansamiento’ y premio, a quienes sean benevolentes y consecuentes con las administraciones de turno.

En el caso del robo continuado detectado por la alteración de la factura para sacar las 230 cajas, según El Nuevo Liberal, el diputado Cesar Sánchez, manifestó que es probable que la contratista Rodríguez no haya actuado sola, “tuvo que tener ayuda de funcionarios que están por encima de ella y eso es de corregirlo, porque si esto lo hizo una contratista que lleva casi cinco meses, de acuerdo al informe, qué podemos decir de funcionarios que llevan varios años”.

Para claridad de todos es de esperar que la Contraloría Departamental y la Fiscalía progresen en sus investigaciones, para que la cadena no se rompa por el eslabón más débil y los culpables nos salgan con el estribillo de la alegre canción de los Corraleros del Majagual que nos puso a bailar con aquella estrofa de: “¡Lo que pasa es que la banda está borracha… está borracha… está borracha!

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