EL HILO DE LA VIDA Y DE LA MUERTE



Unas manos las describen desnudas y sensuales, otras en líneas sutiles, otras las muestran horribles y malévolas. Cloto, la hilandera que daba el visto bueno para el nacimiento, Átropos, quien determinaba la duración de la vida y Láquesis, quien cortaba el hilo de la vida. Parcas, en latín, es su nombre más cercano a nosotros, o también, en griego, se conocieron como Moiras.
Eran las diosas hermanas de las Horas, hijas de Moros, quienes regían el destino o hilo u ovillo de la vida de los humanos. Fina escenificación del misterio que se encierra a lo largo de la vida mortal de los seres humanos. Qué fascinante el lenguaje arcano con que se reviste cada suceso o acontecimiento importante que sucede al personaje que llega, vive y se pierde en la bruma al final de sus horas.
La vida es vista como un hilo que tiene un principio en el tejido de los días. Un huso invisible como que da vueltas sobre sí mismo y va soltando a través de las Horas la existencia de mujeres y hombres en este mundo pasajero.
Sí. La vida apenas es una delgada fibra, frágil, condenada o diseñada para una duración desigual, caprichosa, feliz o infeliz. Con altos y bajos, según los vientos, las auras, las tormentas o noches de luna. Ningún mortal ni invento puede predecir su duración, la intensidad de su estro o la altura de su peso. En algún momento llegará Átropos y le hará la señal a Lachesis para que corte en un instante el delicado hilo que lo ligaba a este mundo provisional donde habitaba.
Qué sencillo el trámite, qué simplicidad de explicación. No hay lugar a especulaciones ni magias o misterios o milagros. La vida comienza, va fluyendo, va creciendo. Y a cualquier momento, en la niñez, en la mitad del promedio o en la ancianidad el ser humano, como un hilo gordo o largo, es cortado sin que se pueda escapar. Ni la medicina o la modernidad o la magia podrán evitar ni el nacimiento, la continuidad o el corte de la luz o la vida.
El hilo, un filamento débil, puede permanecer intacto por horas, meses o años. Es el mismo, con el mismo grosor cuando la Parca saca de su estuche la tijera y corta. Nadie la podrá disuadir ni ella desobedecerá la orden. Impasible hará su trabajo.
Ni la dulzura o impotencia de los niños, ni la angelical sonrisa de la joven, ni las lisonjas de los jóvenes ni las sabias razones de los patriarcas harán que Láchesis incumpla su tarea. El tamaño del ovillo lo anunciaba y las vueltas estaban contadas. El límite de su longitud estaba medido y no había más hilo para desenvolver. Ni una enfermedad ni la lozanía, ni el accidente en la vía, ni la ira o la locura serán óbice para engañar o frenar o prolongar el desenvolvimiento y duración de la vida.
12-03-17 10:49 a.m.



