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Miércoles, 7 de octubre de 2026
lunes 28 noviembre, 2016 a las 9:44 am

MUERE UN HOMBRE, EMPIEZA SU LEYENDA

fidel-castro
Bulevar
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy / Loco-mbiano
fidel-castro
http://www.biografiasyvidas.com/biografia/c/castro_fidel.htm

…
Oculto en mi pecho bravo
la pena que me lo hiere:
El hijo de un pueblo esclavo
vive por él, calla y muere.
…
Frag. Versos Sencillos. José Martí

Para quienes nacimos cuando Fidel empezaba a cargar su fusil con munición, su muerte nos puede parecer la caída de un ícono, de un héroe. No de un ser común y corriente. Desde el lugar que lo veía era como uno de esos personajes del cine mudo. Pasaban ante mis ojos sus escaramuzas por la Sierra Maestra como rápidos clips en blanco y negro. Esperaba a continuación la explicación del fogonazo pintado en el celuloide.

Ante mis ojos de joven de la generación de los 40, Fidel Castro se me presentaba como un prócer vivo de esos que aparecían en los textos de Educación Cívica colombiana de la época. Igual a Antonio Ricaurte o Atanasio Girardot o Gabriela Beltrán o la Pola Salavarrieta.

Desde lejos su imagen señera, soñadora, aguerrida era fulgurante. Su figura con su barba poblada y su mirada incisiva me atraían. Debía ser un personaje para ocupar un lugar en la historia. No sabía, entonces, dónde quedaba Cuba ni qué era eso de la guerrilla que empezaba a tomar vuelo con el Movimiento del 26 de julio en 1956 en sus manos. No conocía nada de Martí, ni siquiera había oído sus versos sencillos. Era como un ensalmo que se alzaba y ondeaba como bandera ante mis ojos de joven seminarista.

Como por entre brumas y relámpagos fui siguiendo las noticias que se filtraban en mi encierro. Quedaron en mi imaginario las correrías por la Sierra hacia La Habana y su paso por el campamento del Che Guevara en Santa Clara. Era como leer una novela de aventuras de Sandokán, el tigre de la Malasia de Emilio Salgari de quien soy ferviente lector.

Al término de su lucha por el Poder en manos de Fulgencio Batista, asciende al mando de Cuba el 16 de febrero de 1959. Desde entonces fue el máximo jefe militar e ideólogo de la Isla. Se enfrentó con su vecino Goliat que jamás pudo vencerlo ni amilanarlo. Buscó sin mucho esfuerzo la solidaridad de países como Rusia. Solo el temple que mostró en medio de la tempestad lo había avalado.

Hasta el momento de su muerte fue el hombre fuerte en Cuba a pesar de su edad y de que había cedido su calidad de presidente a su Hermano. Vio pasar enfrente de él las olas sobre la Bahía, los huracanes y el bloqueo económico continental a sus conciudadanos. Nada lo arredró ni le hizo claudicar. Su verbo largo y punzante, su mano firme y el respaldo popular pudieron más que los aviones que sobrevolaron amenazadores, los barcos y el poderío atómico y militar de EE. UU. y sus aliados. No valió estar fuera del concierto de naciones que lo tildaron de paria.

Fue, junto con el Che Guevara, el ejemplo de lucha contra la oligarquía y los aparatos económicos del capitalismo. La Revolución fue la palabra más importante para cualquier joven de esas épocas.

Su muerte pacífica ha puesto el punto final de su Historia. Continúa ahora la leyenda que empezó a tejerse desde que era imberbe. La aguja de un reloj con sede en La Habana ha comenzado a dar vuelta este otro día 26 de noviembre de 2016.

28-11-16                                        9:15 a.m.

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