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Sábado, 3 de octubre de 2026
lunes 3 diciembre, 2012 a las 11:16 am

Nuestros personajes típicos

HORACIO DORADO GÓMEZ

Con la participación del conjunto “Aires de Pubenza”, dirigido por el profesor Felipe Chávez, a cuatro flautas con música auténticamente payanesa, digno de ser presentado en cualquier parte del mundo, en medio de la “patojada” que siente y vive estos eventos, se llevó a cabo el lanzamiento del libro: “Nuestros personajes típicos”. Fue un hermoso acto en el Paraninfo Caldas que quise brindar para congregar a la colonia patoja.


Durante mucho tiempo me dediqué unas veces a recordar y otras a investigar la compilación para mis lectores de Popayán. Consideré que las semblanzas de personajes típicos de Popayán, son importantes para la historia de mi ciudad. Pensé que no podían quedarse en la reminiscencia de unas pocas personas, ni morir con el paso del tiempo, sino registrarla en la memoria colectiva para las juventudes presentes que nunca los disfrutó y para que, quienes nos regocijamos con ellos en tiempos idos, los evoquemos hoy mediante este breve compendio.

Popayán se ha distinguido por tener un pueblo de espíritu abierto y desde luego, alimentador de delirios. Seguramente la calidez de sus gentes, la placidez de su clima, hasta el mismo saborcillo del licor predominante por su sabor y aroma, influyeron para que surgieran de todos los confines, y anclaran aquí para siempre, en el mejor vividero del mundo. Los identificamos bien por lo pobres en el vestir, por sus zapatos rotos, y luengas y descuidadas barbas, así como otras particularidades o señas que nos servían para gozarlos hasta desternillarnos de la risa. Por ello me di a la tarea de dedicar el tiempo necesario para agradar a mis lectores recordándoles estos personajes más que por sus nombres y apellidos, por los apodos y las anécdotas de cada uno, que logré recoger entre contemporáneos amigos, que se solazaron describiendo los que mi frágil retentiva no pudo. Encontrarán entre ellos, forasteros que llegaron a la villa de Sebastián de Belalcázar, pero que nunca quisieron regresar a sus lugares de origen, embriagados por el idílico lugar, y desde luego embebidos de la sapidez de su producto etílico, destilado desde Belén.

Conocí a la mayoría de estos comediantes de la calle, me divertí de niño con el trasegar de su vida cotidiana y con parte de sus actividades que quedaron grabadas para siempre en mi mente. Al redactar cada página no hice cosa diferente que trasladarme en un viaje imaginario hacia aquella época.

Estoy dedicado con devoción payanesa a ser el vigilante Popayán, en pago a todo lo que la ciudad me ha dado, a custodiar la cara arquitectura en su forma geométrica del tablero de ajedrez, empleada en el trazado urbano de las ciudades españolas cuyo propósito era escenificar esa idea de orden y autoridad que los conquistadores querían representar en cada uno de sus actos. Y como artesano de la palabra a evocar para describir los rincones del vago y su historia personal, para registrarla en la memoria colectiva esta otra clase no menos importante de personajes, de la tantas veces piropeada ciudad de Popayán.

Civilidad: Fortalecer el espíritu y reivindicar la tradición.

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“NUESTROS PERSONAJES TIPICOS”

Por Julio César Espinosa

La Asociación Caucana de Escritores me ha hecho el grato encargo de presentar un saludo y efusivas congratulaciones al amigo, periodista y escritor Horacio Dorado Gómez, actual vicepresidente de nuestra entidad, con ocasión del lanzamiento de su libro “Nuestros personajes típicos”.

Quien haga un seguimiento a la labor de Horacio en el decurso de estos últimos treinta años podrá advertir que su quehacer siempre ha tenido unos propósitos claros: Primero que todo, enaltecer los valores de una tradición que define y moldea la identidad del payanés. Igualmente, mantener vivo el espíritu de un pasado en el que se hermanan nuestros rostros: el de ascendencia europea y el mestizo, el profesional y el mendigo, el afrodescendiente y el indígena, el artesano de talento humilde y el genio de chispa creadora.

Los escritores rara vez han podido sustraerse a la obligación natural de dar brillo con su obra a su lugar de nacimiento. Unos lo han hecho de forma explícita en medio de su propia creación.

Piensen ustedes en Fernando González y su experimento de “Otraparte”, un jardín para cantarle a su natal Envigado. Y el bizco y chocarrero de Luis Carlos López, que cantó clarividentemente las virtudes y defectos de su Cartagena aletargada, pero amada tanto como sus “zapatos viejos”. Y la “Morada al Sur” de Arturo fue un madrigal a su terruño, La Unión (Nariño), con su “bosque extasiado que existe sólo para el oído”.

Y se me antoja que la novela “Sin remedio” de Antonio Caballero, aparte de describir lo difícil que es hacer un poema, creo que su intención de fondo era acuñar para la historia la geografía citadina de Bogotá, hacer inolvidables dos o tres calles y unos cuantos de sus barrios.

Y si nos vamos allende las fronteras patrias, nuestra mirada es atraída por la irlandesa Dublín, cantada minuciosamente en la novela impar “Ulises”, por el hijo de sus entrañas, James Joyce; y los lugares manchegos inmortalizados por Cervantes, qué me dicen ustedes?

Otros escritores prefirieron colocar nombre imaginario a su aldea, y la llamaron Macondo, Santamaría, Yoknopathaupha. De cualquier manera, pues, muchísimas patrias chicas existen en nuestro corazón gracias a sus cantores. Doy como ejemplo un poeta sencillo y a la vez profundo, el decimero José Atuesta Mindiola, que eterniza su pequeño pueblo natal de Mariangola en el Cesar, con estas décimas:

Mariangola, linda estancia,

de lejanas madrugadas

bellas decimas cantadas

con estilo y elegancia,

en la orilla de mi infancia,

como un eco de lucero

eran versos de vaqueros

de La Gran Miseria Humana,

que es el sol de la mañana

de mi canto decimero.

He mencionado lo anterior para poder establecer un rango de medida y patrón en el trabajo de nuestro asociado Horacio Dorado Gómez. Y así poder concluir que nuestra ciudad se asoma nítida y hermosa, con toda su verdad y su grandeza, en las obras de Horacio. La A.C.E. registra complacida la aparición de este nuevo libro suyo, porque agrega a nuestra historia local, apuntes nostálgicos de algunas personalidades que contribuyeron a construir ese espacio espiritual urbano, llamado Popayán, la voz culta en el concierto de nuestras ciudades colombianas.

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