PATÉTICO

Gloria Cepeda Vargas.
Patético el espectáculo que nos ofrecen los miembros del Centro Democrático ante la captura de Santiago Uribe Vélez, benjamín de una dinastía excelsa y como el aire, intocable.
Desde Juan Manuel Santos, pidiendo en este caso y sin rubor alguno la intervención de una veeduría internacional, hasta las desafiantes mesnadas uribistas exigiendo a grito herido su cabeza, Colombia acaba de realizar el streap tease más lamentable de su historia, la pelada de cobre más ordinaria, el tropezón más conmovedor. ¿Cómo así que debido a física evaporación por HAMBRE, los angelitos goajiros se vean obligados a volar “donde nadie los juzgue”, como dice la canción, mientras los dueños del sartén, a rapiñazo limpio, se apropian de sus recursos y los condenan a la muerte? ¿que ante las Natalias Ponces y las Yineths Bedoyas infamadas hasta los huesos, el exterminio de la Unión Patriótica, el infierno del Palacio de Justicia, los padres violadores, el macabro amangualamiento de ley y crimen en el crecimiento e impunidad de las AUC y sobre todo frente a esta corrupción de cuello blanco (somos maestros del eufemismo), Colombia siga durmiendo para solo despertar cuando la ley toca a un individuo portador de un prontuario bien conocido y –lo que es peor- mejor digerido?
Culpable o inocente, Santiago Uribe es un colombiano de carne y hueso. Su armazón globular, neuronal y celular, es tan susceptible de venirse abajo como el de cualquiera. El sainete que deja tan mal parado al Centro Democrático “en rebeldía” contra la poca estabilidad cívica que nos queda, hace pensar. ¿Qué defienden? La nada ¿qué ambicionan? la escoria ¿qué pretenden? ¿tapar el sol con la mano o arrastrarnos a ese abismo de ignorancia y soberbia que tiene al país en estado de coma?




