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Miércoles, 14 de octubre de 2026
martes 29 junio, 2010 a las 5:05 pm
EL MUNDIAL TIENE PICANTE Y ES DE SURAMÉRICA

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

Colombia
Desde que toqué por primera vez un balón de fútbol, supe de emociones fuertes y sentadas nerviosas al pie de un radio Phillips. De Millonarios, Santa Fe, en las voces de Carlos Arturo Rueda y Pastor Londoño podían ser vistos en directo las gambetas, chilenas y sombreritos de Pedernera, D´Estéfano, “Paragua” Benítez, Maestrito Báez, Rossi, Soria y las estiradas de Centurión o Cozzi. Los jugadores eran espigados y no es que estuvieran mal alimentados. Caían raramente a la grama ante una falta y no había lesionados a toda hora. Parece que las canillas y los tobillos estaban mejor confeccionados.

La imaginación y la memoria de los colombianos se acostumbraron a tener en el menú del domingo la trasmisión en vivo narrada con detalle de las fintas, remates, cobros de penaltis y tiros de esquina. Vimos que el rojo de Paraguay y los celestes de Argentina y de Uruguay nos tiñeron de su garra y de sus ganas. Pelé, Garrincha, Jairzinho con Sao Paulo, Santos, Flamengo y Fluminense nos contaminaron del virus del jogo bonito de fuerza, tranco veloz, tacos y paredes de lujo y arte junto al arco.

Cada cuatro años nuestras mujeres todavía no comparten con nosotros los varones esa lengua de piernas y balón, patada y gol, que nos hace olvidar el trabajo, la guerra y los horarios. Esperamos con ilusión ver a los mejores jugadores del mundo defendiendo con su camiseta a cada nación.

Vale la pena, ahora que terminan cuatro equipos suramericanos en la fase de cuartos de final, esperar cuatro años para sufrir con ellos por la gloria de seguir adelante. Todos se quejan que este torneo orbital no tuvo la brillantez y fuerza de otros mundiales. Ni los europeos dieron la talla, ni los locales, ni los de Asia o África. El partido de Paraguay con Japón no fue el clásico que todos ansiábamos. Pero la majestad del gol en la suerte final de tiros desde el punto de penal suplió en los guayos de Honda y de Cardozo, nos dio la suprema alegría de poder gritar y desahogar el alma.

Estas naciones de un Continente nuevo al que nos ha sido regalado el fútbol nos ofrece un concierto de colores, sudores, sensaciones inéditas no sentidas nunca, pases gol, y equivocaciones. Su sufrimiento, la pobreza de millones, su esperanza sin fondo, reciben hoy la recompensa de estar en este trance tan fastuoso y rebosante de lágrimas y gritos de alegría.

Nadie ni nada nos quita el orgullo de tener a Brasil, a Argentina, a Uruguay, a Paraguay entre el manojo de candidatos a coronarse como campeones del juego más popular y que mueve las fibras más íntimas del ser humano. Todos los ojos del mundo admiran el ballet que interpretó Suramérica en los escenarios de Puerto Elizabeth, Johannesburgo y Tshwane en Pretoria.

Las vuvuzelas revolotearon y zumbaron como moscardones desde África hasta las ondas de 3000 millones espectadores. Ellas se volvieron suramericanas al quedar huérfanas y sin quien las representara en las dos fases finales del Torneo que congrega más fanáticos y movimiento económico y social con el Deporte.

29-06-10 – 12:09 p.m.
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