APRENDIZ DE HECHICERO
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
En el alma del ser humano hay un espíritu hechicero durmiendo. ¿Quién en su vida no ha soñado algún día hacer brotar de la “nada” en un acto de magia un caprichoso invento? Creo que todo individuo con un cacumen raso lo ha deseado. En su interior hay un mago escondido detrás de un velo.
Me fui a ver en la frialdad de una sala de cine, con espantoso ruido, a Nicolas Cage, con su cara de brujo padre. Me atrajo el título fascinante que mostraba el afiche. Me pareció que encontraría aquel escenario que desde niño he tenido de los prestidigitadores, culebreros de parque y pitonisas de turbante verde y bola de vidrio. Con sus frases ininteligibles –pero mágicas – que pronuncian con voz grave, sus brazos alzados en actitud de conjuro, sus ojos cerrados y luego el conejo que sacan de su manga de un pañuelo rosado. Y la consiguiente sonrisa de triunfo.
Me llevé una decepción. El muchacho – Jay Baruchel – ingenuo desde el comienzo, no termina de aprender. La treta del anillo que rueda sobre su dedo convertido en salamandra, es buena, pero algo copiada. El coche vetusto con sus transformaciones se me pareció al de las cintas de Batman. La persecución manida por las calles nos lleva a la época de Bonnie and Clyde. En fin, la bruja esperada y moderna representada por Mónica Bellucci, fue un soberano fiasco.
La magia que esperaba ver terminó en unas escenas importadas de otras películas en las que el muerto revive cuando el mago mayor se traga las cenizas que salen en tromba por su boca. Nada que ver. En cintas como Matrix, Avatar o del Señor de los anillos o en ET, hemos visto escenas que sorprenden por su novedad y gestos maravillosos. Esa es la clase de magia, semejante a la de Houdini en las tablas o a la de Aladino en la historieta, que todos quisiéramos ver. Los efectos especiales, la imaginación de la era cibernética hasta ahora no ha aparecido para satisfacer el ansia de fascinación y embrujo que tiene el mortal humano.
Cuántos de nosotros quedamos deslumbrados si desaparecen objetos, si aparecen detrás de la manga, si en el pulgar se prende un cigarro, si de entre un pañuelo sale volando un pájaro o si al mando de un golpe mágico sale de la cripta una chica en bikini. Hoy hay cuchillos que tienen ojos de dragón que vuelan, chicas en togas blancas que vuelan entre bambúes, samuráis que se esfuman. Eso es magia y a nadie se le ocurre pensarlo. Magia es propiciar un fenómeno sobrenatural, que está por encima de las leyes normales. Magia es atreverse a hacer lo que nadie ha hecho y repetir la escena, a oscuras o a luz plena. Como lo hace la antioqueña Marga López, la poeta laureada en sus recitales triunfales.
Con paciencia seguiré esperando que del ensalmo de Spielberg, de los seguidores de Disney, Kurosawa, Scorsese salga como en Los 40 ladrones aquel “Ábrete, sésamo”, empiece a verse la magia y a danzar frente a nosotros como le sucedió a Alí Babá.
28-07-10 – 11:05 a.m.
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