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Miércoles, 21 de octubre de 2026

Jornada unica: una sombra a la realidad del sistema educativo colombiano

Los bajos resultados de las pruebas Saber y PISA en la educación pública del país, puso al Gobierno Nacional en...

Luis Fernel Bonilla Rosero
Por: Luis Fernel Bonilla Rosero

Directivo Docente

Norte del Departamento del Cauca

Los bajos resultados de las pruebas Saber y PISA en la educación pública del país, puso al Gobierno Nacional en alerta y a buscar culpables; se requiere tener a quien asignarle la responsabilidad del mal desempeño de los estudiantes en las áreas básicas (lenguaje, matemáticas y ciencias). Todos sabemos que la educación de los pobres no es ni ha sido del interés de los gobiernos de turno.

Los medios de comunicación y el Gobierno nacional nos han vendido la idea que si ampliamos la jornada escolar, se van a dar mejores aprendizajes en los estudiantes y por ende se eleva la calidad de la educación; esta mirada se ha instalado en la mente de todos los colombianos y en particular en las comunidades educativas de la nación. Este horizonte de interpretación de la labor educativa nos llevará lejos de la realidad y de las urgencias de revisión y ajustes al sistema educativo del país, lejos de resolver los cuestionamientos que la sociedad le hace a la escuela hoy, se trata más de responder a las exigencia de entidades internacionales que a las demandas que se hace a la educación desde el pueblo colombiano.

Somos conocedores de que al aumentar el tiempo presencial de los estudiantes en las aulas, existe la posibilidad que el desempeño mejore; pero no es el único factor que va decidir mejores aprendizajes. Pero, más que responderle a los organismos internacionales, mejorando los resultados de las pruebas PISA, es fundamental clarificar qué tipo de hombre y mujer queremos formar y para qué sociedad; no es posible que la calidad de la educación se mueva por intereses externos más que por las necesidades que tiene el país en convivencia social, en respeto por los otros, en visibilizar relaciones dialógicas con sentido cultural, la desigualdad social agenciada desde la estructura del Estado y el desconocimiento de las realidades regionales, locales en clave de entender el significado de la diversidad étnica y cultural que vive la sociedad colombiana, los cuales deben ser vectores direccionadores de las dinámicas pedagógicas y didácticas en el aula.

La educación colombiana requiere una discusión y un debate de gran alcance, pero a partir de descifrar los problemas y dificultades de la provincia colombiana, entendiendo que en la cotidianidad de la vida comunitaria hay unos sujetos dispuestos a jugarse por el país. Desde la interpretación de expectativas de vida y sueños de futuro de los grupos sociales y culturales vivos en las luchas de su cotidianidad, podemos armar las rutas, posibilidades e intencionalidades, que dé pista y direccione para dónde piensan los diferentes pueblos y comunidades que conforman el país, encaminarse la educación y sus procesos. Se debe cambiar la rutina histórica que desde el centro del país y con un gran foco de lecturas equivocadas y con estructura de dominación, colonización y marginación se conciben los procesos académicos y pedagógicos para toda la nación.

El mal resultado de las pruebas en las áreas básicas no se corrige “dando más de lo mismo”; esto nos exige revisar las estrategias didácticas y pedagógicas que se están desarrollando en las aulas; cómo se está estructurando y presentado el conocimiento a los estudiantes, cuál es la participación que tiene el estudiante en el momento del encuentro con los saberes, si la voz del estudiante se escucha en el aula, cuál es el peso real que le asigna el docente a las experiencias significativas vividas por los estudiantes en su vida social y comunitaria, cuál es la contribución del docente en la organización, priorización y aprovechamiento de las experiencias propias de los estudiantes como vehículo pedagógico; si los procesos de formación desarrollados al interior de las comunidades, se transforman en rutas didácticas y pedagógicas, como organizadores de mejores y más  aprendizajes para los niños y niñas del país. Desde este punto de vista, más que alargar la jornada escolar, con dos horas más, se requiere hacer del trabajo en las aulas de mayor pertinencia, colectivo, integral y contextualizado durante la jornada de estudios.

Por otro lado, es importante que los docentes adquieran una mejor formación pedagógica y didáctica, de acuerdo con las características y particularidades locales y regionales, que adquieran y perfeccionen las competencias que les permitan leer, interpretar y articular diferentes saberes y prácticas sociales y culturales de las comunidades, producto de su desarrollo histórico, a los conocimientos generales del avance de las ciencias. Debe existir la armonización del desarrollo de la ciencia con saberes y formas propias de conocer que han pervivido en las comunidades, como vectores de integración de la vida cultural y social del país. De esta forma se fortalece la autoestima y el sentimiento por lo propio.

La sociedad tiene que devolverle el protagonismo educativo y pedagógico al colectivo de maestros, como constructores del hacer curricular – pedagógico, comprometido con el crecimiento y desarrollo social y por conocer el tipo de relaciones, los intereses, luchas y apuestas cotidianas de las comunidades que se entronca en la cultura local como dinamizador social. El diseño del currículo, del plan de estudios y la estructuración del proceso didáctico pedagógico debe estar articulado a las dinámicas del aula y al establecimiento de relaciones edificantes con la vida local y comunitaria. El distanciamiento cultural e ideológico de quienes piensan, diseñan organizan el currículo y quienes lo desarrollan, no ha permitido que el sistema educativo colombiano se presente en la praxis educativa como un sistema, que visibiliza, sueños y expectativas de vida y se enraíza en las necesidades y proyecto de sociedad que demanda la nación.

Es importante resaltar, que todas las personas en nuestro desarrollo personal y social, desde lo vivido en la familia y en la comunidad de pertenencia, vamos edificando, definiendo y estructurando unos referentes de formas de interacción con la realidad social y cultural, los cuales se recogen y se entroncan en enfoques propios cognitivos, ritmos y estilos de aprendizajes y jerarquías axiológicas, el encuentro de estos tres vectores define una identidad. Esto reclama de la escuela un sistema educativo en dirección de personalizar las acciones pedagógicas, con el propósito de visibilizar los estilos de aprendizajes de los estudiantes y de esta forma poder diseñar, desde un conocimiento individual, los procesos pedagógicos – didácticos adecuados a los sujetos que comparten el aula de clase.

De esta manera nuevamente, desde el Gobierno Nacional, se desconocen las situaciones particulares de cada contexto, donde los estudiantes hacen parte activa y vital de las dinámicas de su grupo doméstico, donde los tiempos que se dedican en los procesos de socialización primaria, en comunidad, son fundamentales para su desarrollo futuro y de su familia. El aprendizaje escolar es un momento del proceso de formación de las personas pero no es el único; existen otros aprendizajes necesarios que se dan en otros contextos, los cuales no pueden ser minusvalorados e invisibilizados por el sistema educativo nacional. Mas, cuando la cotidianidad de los procesos escolares se diseñan y desarrollan bajo esquemas de control, represión, desconocimiento e invisibilidad de los otros, como sujetos culturales y pedagógicos.

Hoy se requiere que se abra el debate, en la sociedad colombiana, sobre la educación que el país necesita, conociendo las aspiraciones, sueños y expectativas de futuro que los diferentes pueblos y comunidades que conforman y anudan culturalmente a la sociedad colombiana, proyectan la formación para sus hijos, a partir de un mayor relieve en el aula de clase de los diferentes contextos culturales, étnicos y sociales.

Estos son algunos elementos que deben hacer parte de la discusión que requiere el sistema educativo colombiano, paralelo con la ampliación de la jornada escolar –jornada única-, se necesita mayor inversión en material didáctico y pedagógico, todos ellos, van a contribuir a elevar la calidad de la educación, a mejorar los desempeños y el aprendizajes de los estudiantes, pero sobre todo, se edifica un proceso y se construyen relaciones gratificantes y democráticas al interior de las instituciones y centros educativos del país.

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Redacción Proclama del Pacífico

Periodismo verificado desde Santander de Quilichao, Cauca.

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