EL OTRO… EL MISMO


“Alegría de Pío es un lugar de la provincia de Oriente, municipio de Niquero, cerca de Cabo Cruz, donde fuimos sorprendidos el día 5 de diciembre de 1956 por las tropas de la dictadura”.
Este párrafo del Che, perteneciente a su libro: “Pasajes de la Guerra revolucionaria en Cuba”, es una crónica, que narra, como siendo ya un combatiente del Ejército Rebelde, que llegó en el yate Granma con Fidel a las playas cubanas para liberar al país de la dictadura batistiana, yace herido en su primer combate recordando la mejor manera de morir, como le ocurre al personaje del relato de Jack London en su cuento: Encender el fuego: “Una idea loca le vino a la cabeza apenas vio al perro. Recordó la historia de un hombre atrapado en una tormenta de nieve que había matado a un venado y se había protegido dentro del cadáver salvándose”.
“Le dije a Faustino desde el suelo, “me fastidiaron” (pero más fuerte la palabra)… Quedé tendido; disparé un tiro hacia el monte siguiendo el mismo oscuro impulso del herido. Inmediatamente, me puse a pensar en la mejor manera de morir en ese minuto en que parecía todo perdido. Recordé un viejo cuento de Jack London donde el protagonista, apoyado en un tronco de árbol se dispone a acabar con dignidad su vida, al saberse condenado a muerte por congelación en las zonas heladas de Alaska”.
¿Hasta qué punto influenciaron al Che en su conducta las narraciones del escritor californiano?
London fue un militante socialista, que al leerlo el joven Guevara, queda atrapado impulsándolo a viajar aventureramente en una motocicleta por Sur América, para descubrir en toda su dimensión el continente.
Guevara al salir muy joven de Buenos Aires, la capital de Argentina, llevaba el propósito de volverse el héroe de su propia existencia al igual que Jack London, el cual a diferencia de él pertenece a una familia pobre norteamericana, y Guevara a una cuna culta y aristocrática.
A London los viajes le sirven para escribir sus crónicas, cuentos y relatos, novelas de aventuras y poemas, y a Ernesto Guevara de la Serna, para escribir sus diarios con letra menuda de médico al reverso de sus fórmulas médicas expedidas a los enfermos hallados en el camino, que lo conducía a su destino.
Al inicio del relato citado de Jack London, se leen cosas referidas al personaje del cuento: “Su problema es que no tenía imaginación. Era rápido y perspicaz en las cosas de la vida, pero sólo en las cosas, no en sus significados”.
Pero Guevara, sí poseía imaginación de sobra, que pulió con sus constantes lecturas hechas desde niño al igual que Jack London. Ambos desarrollaron esta función cerebral, que los ayudaría a transformarse en héroes de sus propias vidas. Existencias llenas de dificultades, problemas de salud, pero que por lo mismo los llevaron a forjar sendas voluntades de acero.
“Setenta y cinco grados bajo cero y con los pies mojados un hombre no puede fallar en su primer intento de hacer fuego… Todo lo que un hombre debe hacer para estar bien es no perder la cabeza”. Dice Jack London.
Guevara poseía grandes sueños, los cuales cumpliría a cabalidad. Aunque algunos que lo conocieron desde su mocedad dudaron algunas veces de él, percibiéndolo como un joven alocado y sin futuro. Pero Jack London en ‘Encender el fuego’, también dice: “Todo hombre que sea un verdadero hombre puede viajar solo”.
Jack London fallece a los cuarenta años, un año más que el Che Guevara, que muere a los treinta y nueve, asesinado por el gobierno boliviano dirigido por la CIA. El escritor gringo dejó una extensa obra y el comandante Guevara algunos textos de gran interés y su ejemplo inmortal.
Alegría de Pio/ 4/20/15.



