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Domingo, 4 de octubre de 2026
martes 10 febrero, 2015 a las 8:22 am

¿CUÁNTO VALE UN PROFESOR DE MÚSICA?

Profesor de música - guitarra
Marco Antonio Valencia Calle
Marco Antonio Valencia Calle

La mayoría de colegios privados cobran sumas exorbitantes por matrículas y pensiones, pero son negreros y explotadores con sus docentes a quienes les exigen horarios extendidos y le suman todas las cargas laborales que puedan. Quién lo diría. Los hijos de los ricos son educados por profesionales con sueldos de indigencia, que medio les alcanza para vivir. Hay colegios privados que les prohíben a sus docentes escalafonarse o realizar posgrados porque son despedidos de inmediato, y entonces para completar el sueldo les toca trabajar en dos o tres colegios a toda mediocridad. Y allí están, por un lado los profesores sin amor propio, que no valoran lo que estudiaron, ni lo que saben, ni la profesión que tienen con el cuento de: “es que yo amo tanto este colegio que no me importa lo que me paguen”… Y los otros, los que prefieren un nido mal pago a la incertidumbre de salir a buscar trabajo donde les reconozcan lo que se merecen. Como si el mundo fuera esta ciudad y se acabara en sus fronteras.

Da risa ver a los padres de colegios privados (que no todos son ricos, pero se presumen que son educados e inteligentes) ufanándose por buscar colegios para sus hijos con buenos baños, buenos televisores, buenos computadores, buenos espacios para el recreo, etc., etc., pero si se preguntan por la calidad de profesores que tienen, no se preguntan por el sueldo que ellos reciben. Sí, claro, todos los profesores se presumen buenos, pero vayan a ver cómo viven y dónde viven esos profesores y su familia con los sueldos de miseria que reciben. Y peor, ¿si estos profesores tienen que trabajar todo el día a dónde quedan sus propios hijos? Y me pregunto: ¿Con qué cara se le pide excelencia, exclusividad y calidad laboral a un profesor mal pago?

Les voy a dar un caso concreto. Es doloroso e inentendible, que a un profesor de un colegio privado de Popayán en el año 2015, que tiene bajo su tutela dos bandas marciales de música le paguen $650.000 (seiscientos cincuenta mil pesos), con el argumento más vergonzante todavía que no tienen para pagarle. Y cuando el profe renuncia (o le piden la renuncia, vaya a uno a saber), en menos de 24 horas consiguen un estudiante universitario para reemplazarlo. Un pelao que regala su trabajo por tener “la oportunidad, la experiencia y hacer camino” por un sueldo más paupérrimo todavía. Pero como si la vergüenza fuera poca, algunos padres de familia aceptaron que despidieran al profesor con 15 años de experiencia, 50 trofeos de reconocimientos nacionales y aclamado por sus alumnos, por qué está denunciando que con 650 mil pesos no puede cumplir sus compromisos familiares. No. No hay derecho a ser tan desagradecido. Es un mal mensaje para propios y extraños despedir a un profesor que ha dado tanto a una institución por reclamar un mínimo de justicia y sentido común: que le paguen lo que se merece para vivir decentemente.

Un profesor de música, a diferencia de la mayoría de licenciados, se debe a una vocación temprana y cuidada en largos y exhaustivos años de entrenamiento musical. Un profesor de música de banda marcial o de orquesta, por lo general sabe tocar varios instrumentos leyendo nota y de oído (vaya usted y aprenda a tocar guitarra al menos, y verá que se le va media vida allí y no termina de aprender). Un profesor de música debe tener título universitario de “maestro de música” con conocimientos en pedagogía y didáctica para enseñarle música a otros, para inspirar a otros. Un músico es un privilegiado de Dios, un talento humano. Y un músico dedicado a la docencia, cumple un apostolado enorme que la sociedad, debe aprender a valorar y a pagarle lo que se merece.

A los muchachos, pertenecer a una banda musical les ofrece la oportunidad de explorar su vocación, de disciplinar el espíritu, de tener el tiempo ocupado, entre otros veinte motivos; y a los colegios, les brinda la oportunidad de proyectarse hacia la comunidad con alegría, de una manera contundente, entre otras razones.

En una sociedad justa, a los profesores de música y artes en general, se les debería pagar mejor. Pero vivimos en una sociedad imperfecta, ya lo sabemos. Pero por imperfecta que sea, el sentido de la dignidad laboral debería primar en los administradores de los colegios privados. ¿Cómo le van a pagar 650 mil pesos a un licenciado? No. Eso además de injusto, es una vergüenza. Y echarlo, o dejar que renuncie, no es la solución.

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