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Viernes, 2 de octubre de 2026
miércoles 1 octubre, 2014 a las 5:05 pm

FIESTA A LA BRAVA

Jaime Vejarano Varona
Jaime Vejarano Varona
Por: Jaime Vejarano Varona [email protected] Popayán, Cauca, Colombia

No, no es lo que pensaron, no voy a referirme esa supuesta demostración de cultura que algunos defienden y que con el nombre de la fiesta brava autoriza a unos bárbaros para martirizar y desangrar toros ante un público morboso de martirio a los animales.

Mi tema de hoy se refiere a la FIESTA DEMOCRATICA a que se nos invita periódicamente para elegir funcionarios ejecutivos o representantes legislativos.

Las elecciones son, o deben ser, un certamen al que debiéramos concurrir de manera espontánea, voluntaria, alegre. Y no constreñidos por una Ley que nos obligue a participar en ella.

Recuerdo una fea costumbre que se estilaba en otros tiempos de cerrar con llave la puerta de la casa para que no se salieran los invitados. Supongo que si uno está satisfecho y si la reunión ofrece suficiente halago, los invitados no querrán abandonarla.

Igual ocurre en los países donde se imponen infamantes dictaduras. Casos como el de Cuba donde se prohíbe a sus ciudadanos a dejar el país, so pena de encarcelamiento o de la pena del paredón y en que, aun así, los nacionales se arriesgan como balseros a perder la vida con tal de huir del régimen nefando a que se ven sometidos. Es que si la fiesta no es buena, seguramente los invitados no querrán abandonarla.

Lo anterior hace referencia al proyecto de Ley del VOTO OBLIGATORIO.

¿Por qué la significativa abstención electoral? ¿Por qué el pueblo no quiere acudir a las urnas a expresar su opinión en favor o en contra de las promesas que les hacen los políticos?

Simplemente porque no creen en ellos y mucho menos en lo que prometen.

¿Por qué, igualmente, infinidad de delitos no se denuncian ante los jueces? Porque el ciudadano piensa que la Justicia no opera, no existe.

En ambos casos, en la legislatura como en el poder judicial, tan desacreditados uno y otro, lo que debe es acreditarlos para devolverle al ciudadano la fe y la confianza con que estas magnas instituciones sean apetecidas.

El Congreso y el órgano Judicial de nuestro país han caído en el más grande desprestigio por su inoperancia, por la corrupción, por la manera en que venden sus actuaciones.

En lugar de obligarnos a acudir a ellos, deben volver por sus fueros y hacerse dignos de que acudamos voluntariamente a la fiesta democrática, pero no A LA BRAVA.

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