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viernes 23 marzo, 2012 a las 11:34 pm

NIÑOS SOLDADOS

JOSE LOPEZ HURTADO*

El gigantesco Continente Negro siempre sorprende al mundo con sus historias de terror en la permanente lucha de sus tribus por el control territorial, o bien por la riqueza de su petróleo, de sus minas de diamantes y oro, en el marco de interminables luchas étnicas, que en el solo Congo entre 1999 y 2003 ha dejado más de 60.000 muertos.

La industria cinematográfica le ha metido la mano al asunto, pero se ha quedado corta para escenificar el mar de sangre, violencia y masacres que con frecuencia humedece el suelo africano, desde Idi Amín, con sus antropófagos deleites.

África ha vuelto a ser tema de interés durante las últimas semanas debido a la primera condena proferida por la Corte Penal Internacional (CPI), desde su instalación en 2002, contra el criminal de guerra congolés Thomas Lubanga, por conscripción y enrolamiento a la guerra civil de niños menores de 7 años.

Su defensa pretendió suavizar los cargos soportados por el Fiscal-jefe Luis Moreno Ocampo, señalando que esa es «una práctica de siempre y de tantos grupos políticos-militares», en África sub-sahariana.

«El señor de la guerra», como se lo conoció, antes de su arresto en 2005, recibía a sus invitados, protegido por cantidad de menores de edad, vestidos con trajes militares y adoctrinados para entregar su vida en defensa de su líder, si era necesario. Lubanga, era el jefe de las Fuerzas patrióticas para la liberación del Congo (R.D.C.), simplemente una disculpa para hacerse a las ricas minas de oro de la región, en dos bandos diferenciables, entre los nativos agricultores y los ganaderos, de otra parte.

Por supuesto que los dramáticos índices de miseria, el analfabetismo y la misma dinámica de la guerra, como ocurre en otros países alrededor del mundo, incluidos algunos latinoamericanos, como Colombia y de América Central, facilitan la labor de reclutamiento de los menores, vrg. las FARC, de las que ni siquiera las comunidades indígenas, que ancestralmente han proclamado su neutralidad frente al conflicto, han logrado sustraerse.

La orden de Lubanga a su ejército de infantes era matar a discreción, cortar cabezas, sacar los ojos, previo entrenamiento en sus cuarteles de horror, en los que además organizaba sórdidas fiestas de violación sexual a las niñas reclutadas, y por lo que, según la sentencia que se conocerá estos días en La Haya, será condenado a 30 años de prisión, que resulta una pena mínima frente a la crueldad y sevicia de los crímenes cometidos.

La CPI, inexplicablemente dejó por fuera, otros no menos espeluznantes delitos -debidamente soportados por centenares de testigos que comparecieron a los estrados-, como el de la Masacre de Kilo, en donde ordenó a sus nativos, cerca de 100, cavar sus propias fosas, para proceder a matarlos a martillazos.

Episodios de demencia criminal, que, de seguro, no alcanzarán a explicar los tratados de siquiatría postfreudiana.

Al lado, en Uganda, como para variar, otro criminal, por estos días es objeto de una polémica campaña mundial que se ha tomado las redes virtuales e ingresado en la galería de los más buscados por sus crímenes de guerra, igual que su vecino: Joseph Kony, buscado por la CPI, con orden de captura desde 2005 y exjefe del Ejército de Resistencia del Señor (!), (LRA). Sus crímenes: asesinatos en masa, esclavitud sexual e igualmente reclutamiento de menores para la guerra.

Espejos de un Continente casi inviable, que paradójicamente encierra en sus entrañas riquezas inimaginables. Precisamente la causa de sus desventuras.

*Analista Internacional, colombiano.

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