
Una de las cosas que más me dicen cuando hablo de la importancia de repartir utilidades es que distribuir el ingreso es muy fácil para las empresas grandes, pero muy difícil para los negocios pequeños. Y yo siempre contesto que el emprendedor que crea que ahorrando en la mano de obra va a ganar plata nunca se convertirá en un empresario grande.
Lo que sucede es que los colombianos creemos, equivocadamente, que, si pagamos barato, vamos a ganar más. Y es todo lo contrario: cuando se paga barato, se deja de ganar plata. Pero repartir utilidades es algo que no se puede improvisar de la noche a la mañana ni se puede obligar a hacer por decreto o por ley. Repartir utilidades es un proceso que empieza por algo fundamental: la confianza.
¿Y cómo se construye esa confianza? Contándoles siempre la verdad a los trabajadores, porque, si son tenidos en cuenta tanto en las malas como en las buenas, su compromiso cada vez será mayor. Es igual de importante que conozcan las angustias que tiene el empleador para sacar el negocio adelante como también sus alegrías cuando todo está marchando bien.
En cambio, mentirles es el peor error que se puede cometer. Conozco personas que viven quejándose del salario mínimo, de los impuestos y de la situación del país, y a fin de año están disfrutando las ganancias en silencio, sin detenerse a pensar que sus empleados hubieran podido tener una retribución adicional para que pudieran progresar.
No existe una fórmula exacta para distribuir el ingreso, por lo que tampoco es cierto que, si alguien toma la decisión de repartir utilidades, se va a quebrar. No es cuestión de sacrificar el crecimiento de un negocio; se trata de adoptar una filosofía de crecimiento compartido.
Si usted, por ejemplo, tiene un almacén con dos empleados y al finalizar el trimestre gana más de lo que esperaba, lo mejor que puede hacer es separar un pequeño porcentaje de esas ganancias y distribuirlo equitativamente entre esos trabajadores. Verá que, con el solo hecho de hacer eso, le dará un impulso importantísimo a la actitud y a las vidas de quienes trabajan con usted, porque ellos notarán que, además de percibir un salario, si les va bien, cada 90 días pueden recibir un ingreso adicional.
Pero, para dar ese paso, es necesario cambiar de mentalidad y entender que el ahorro jamás se debe buscar en la mano de obra. En Colombia hay cerca de 11.000.000 de empleados formales. Ahora, imagínese si todas las empresas para las que ellos trabajan tomaran la decisión de repartirles un porcentaje, así fuera pequeño, de sus utilidades. Eso generaría un impulso fabuloso a la economía y el progreso del país. Seguiré insistiendo en que vale la pena intentarlo.
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