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Martes, 3 de noviembre de 2026

Boletín de prensa

Maurice Armitage recuerda cómo Patricia Tello y José Otoya Rengifo lo apoyaron en momentos decisivos de su vida y reflexiona sobre la gratitud como compromiso de solidaridad y ayuda a los demás....
Maurice Armitage en el centro junto a retratos de José Otoya Rengifo y Patricia Tello
Imagen por: https://chatgpt.com/

Maurice Armitage

A todos se nos aparece alguien que, en algún momento de la vida, nos da la mano para levantarnos. Ya sea económicamente, ofreciéndonos la oportunidad que necesitábamos para despegar o dándonos el mejor consejo.

Yo tuve la fortuna de contar con dos personas muy importantes. La primera fue José Otoya Rengifo, un amigo que, sin tener ninguna obligación conmigo, siempre se preocupó porque me fuera bien en la vida. Fue un gran consejero que me dio empleo, me ayudó a pensar en grande y a surgir cuando era joven y más lo necesitaba.

Y la segunda es Patricia Tello, mi esposa. Si no es por ella, no tendría nada de lo que tengo hoy, porque siempre ha creído en mí. Cuando tuvo la posibilidad de apoyarme de verdad, confió en mí totalmente y se la jugó toda, facilitándome lo único que había heredado: un lote en Palmira que utilicé para pagar la deuda bancaria de la siderúrgica, que en ese momento era débil y estaba al borde de la quiebra. Sin ese impulso, hoy no existiría Sidoc.

Traigo a colación estos recuerdos con mucha nostalgia, pues considero que son la mejor demostración que pensar en el otro es muy importante para el desarrollo de Colombia. Porque no me cabe ninguna duda de que, si nos ayudamos los unos a los otros, este país empieza a mejorar. Pero, para que eso ocurra, tenemos que poner en práctica la gratitud.

Y no me refiero a la gratitud como la cualidad de ser agradecido, sino a la gratitud como el comportamiento humano de ayudar a otras personas de la misma forma en que hemos sido ayudados. De nada sirve dar las gracias y guardarnos para nosotros mismos un buen consejo, o voltear a mirar hacia otro lado cuando alguien está pasando sus propias afugias sin saber cómo superarlas.

En un país con tanta desigualdad, es una afrenta ser egoísta. En cambio, si somos generosos con el conocimiento que otros nos han compartido y la experiencia que hemos acumulado, el progreso empieza a irrigarse por el bien de la gente. Es una responsabilidad que debemos asumir como seres humanos ante la sociedad.

Patricia y yo ya llevamos 58 años de casados. Pero, desafortunadamente, mi amigo José Otoya murió hace mucho tiempo. Me habría encantado que hubiera visto los frutos de todos esos consejos que me dio y que derivaron en logros personales que hoy me generan alegría y satisfacción. Por eso, siempre trato de honrar la inmensa generosidad que ambos tuvieron conmigo, ayudando a la gente con la que me relaciono todos los días. De manera que, si usted quiere ser feliz, practique la gratitud y ayude a los demás.

https://cambiocolombia.com/puntos-de-vista/articulo/2026/10/el-valor-de-la-gratitud


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Redacción Proclama del Pacífico

Periodismo verificado desde Santander de Quilichao, Cauca.

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