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Viernes, 23 de octubre de 2026

Elecciones decisivas en Brasil y Estados Unidos

En momentos en que la segunda presidencia de Trump, queriendo golpear a China, dinamitó el orden, el comercio, las reglas...

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FELIPE-SOLARTE-NATES

En momentos en que la segunda presidencia de Trump, queriendo golpear a China, dinamitó el orden, el comercio, las reglas de juego internacional y las instituciones que las potencias habían construido después de la Segunda Guerra Mundial; la Inteligencia Artificial es manejada por avarientos tecno fascistas que no quieren controlarla y ponen en riesgo la vida y empleos de miles de millones de humanos; y la mayoría de países experimentan grandes déficits fiscales que los pueden llevar al incumplimiento de sus deudas, el 25 de octubre en Brasil y el 3 de noviembre en Estados Unidos, las naciones más grandes del continente, se celebrarán elecciones que en gran parte decidirán el futuro político de la región, por lo menos en los próximos cuatro años.

Estos comicios electorales, en medio de la agitación que reina en Europa por la prolongación de la guerra entre Rusia y Ucrania, con la ONU sin capacidad de mediar para lograr la paz y con posibilidad de extenderse a países vecinos; mientras Trump, apoyando a Putin y Rusia, debilita la OTAN; a la par que en Francia, Bélgica, Italia, Portugal, Albania y otros países europeos y asiáticos (Birmania, Nepal, Bangla Desh, Pakistán) se registran grandes movilizaciones y enfrentamientos con la policía y disturbios protagonizados por jóvenes iracundos de la llamada “Generación Z”, nativos digitales, quienes no tienen nada que perder al no poder pagar los crecientes costos de la educación, no tener perspectivas de trabajo ni de acceder a vivienda, ni menos aspirar a pensionarse como si lo pudieron hacer sus abuelos y padres, que se beneficiaron del “Estado de Bienestar” estructurado por los llamados partidos socialdemócratas en la mayoría de países europeos y en los Estados Unidos, después de la Segunda Guerra Mundial.

A recalentar el ambiente geopolítico también contribuirán los próximos comicios electorales en Alemania, Francia y España, con posibilidades de que ganen candidatos de la derecha populista, bebiendo de las fuentes ideológicas del fascismo italiano, alemán y el neofascismo trumpista, catapultándose con su hábil manejo de las redes sociales para canalizar gran parte del descontento.

Sin olvidar que la caldera está hirviendo en el Medio Oriente, después del genocidio en Gaza como venganza del ejército israelí por la matanza de civiles cometida por Hamas el 7 octubre de 2023, y los consecuentes ataques contra Irán, que se prolongaron hasta 2026, cuando Netanyahu convenció a Trump que él régimen de los ayatollahs fundamentalistas religiosos (al igual que los que gobiernan Israel) estaba a punto de caer y sólo bastaba una repentina incursión y bombardeos, como los que hizo el ejército norteamericano en Caracas cuando extrajo a Maduro e impuso a Delcy, Diosdado y el resto de la bandola que, a costa de que no los extraditen, le están entregando en bandeja el petróleo, oro y las tierras raras.

La resurrección de Irán y sus misiles y drones no sólo destruyeron la mayoría de bases militares que los Estados Unidos tenía regadas en Catar, Bahréin, Arabia Saudita y otros países, debilitando su poderío militar y credibilidad, causando graves daños a instalaciones petroleras de los mayores productores mundiales de crudos e hidrocarburos refinados y minando la confianza que habían depositado en la mayor potencia mundial para que les garantizara la seguridad.

Esta guerra, que se prolongó por seis meses e involucró a los picantes zancudos de los hutíes, además tuvo desagradables repercusiones en la navegación mundial y comercio del petróleo y sus derivados, encareciendo el el tanqueado con gasolina y diesel, el costo de los abonos, otros productos derivados del petróleo y alimentos, factores que pueden pesar significativamente entre los electores norteamericanos, que, según las encuestas, castigarán al gobierno de Trump votando por los demócratas en contra de los republicanos, que el 3 de noviembre perderían las mayorías en el Senado y la Cámara de representantes, lo que significaría mayores controles al gobierno del líder de la derecha continental que agrupó a presidentes de los países de la región en el “Escudo de las Américas”, como parte de su doctrina “Donroe”.

Siguiendo la tendencia de primacía de gobiernos de derecha y que el partido que está en la oposición es el favorito ante el desgaste de quienes están en la presidencia, en Brasil, Flavio Bolsonaro es el favorito después de sorprender a Lula, que era el puntero en las encuestas, y fácilmente puede captar los votos de los 5 partidos minoritarios derechistas que también participaron en la primera vuelta.

Lula está esperanzado en que el 21% de la población que no voto en primera vuelta y los mayores de 70 años que no están obligados a hacerlo acudan a las urnas para sobrepasar a Bolsonaro, quien, en caso de ganar, dejaría a México y Uruguay como los únicos gobiernos progresistas de América.

En caso de ganar los demócratas en Estados Unidos, Trump podría ser sometido por el Congreso a un Impeachment (proceso de destitución por violar leyes federales) o, si no, ser controlado en sus políticas internas e internacionales, así como en sus relaciones, giros presupuestales y convenios militares con otros países, entre ellos Israel y los que se acogieron al Escudo de las Américas, cuyos gobiernos y presidentes también podrán ser investigados por los congresistas norteamericanos.


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Redacción Proclama del Pacífico

Periodismo verificado desde Santander de Quilichao, Cauca.

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