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Miércoles, 7 de octubre de 2026
lunes 10 febrero, 2014 a las 10:09 pm

INTOLERANCIA RELIGIOSA EN QUILICHAO

Virgen del Carmen - San Pedro

Crepitaciones

Una sociedad plenamente democrática, que se precie del disfrute de todos sus derechos, en consonancia con la Constitución Nacional de Colombia, denominada “Ley de Leyes”, debe tener un nivel de convivencia agradable y tolerante, apropiada hacia todos los ciudadanos, sin importar las etnias o razas, los credos religiosos o cultos, los partidos políticos, las ideologías, las clases sociales o cualesquier clase de barrera o frontera, que separe a unos seres humanos de otros. Tal fue el legado y la enseñanza que dejó para el mundo de hoy (y por ende para nuestra patria), Nelson Mandela, al luchar toda su vida por quitar el odioso apartheid (en palabras sencillas separación o segregación), y en su lugar fundar la nación del Arco Iris o la Sudáfrica de hoy, símbolo de fraternidad y tolerancia interracial y social.

Ante los preocupantes sucesos referidos a la destrucción vandálica de las imágenes católicas, correspondientes a las estatuas de las Vírgenes, que con diferentes nombres se hallaban en sectores estratégicos de nuestra ciudad quilichagueña y otras en los alrededores de la misma, nos asiste mucha indignación y hasta tristeza, porque muchas de ellas habían permanecido por muchos años, siendo parte del imaginario religioso católico de algunos barrios y sectores quilichagueños (siendo parte del patrimonio cultural y social de los mismos). Así por ejemplo: la Virgen del Carmen en la vereda San Pedro con más de 65 años, la Santa Cruz, en el mismo sector, como memoria simbólica de una masacre ocurrida el 20 de diciembre del 2000, el robo de las imágenes de la Virgen del Rosario y la Milagrosa en el barrio El Rosario, la destrucción de la Virgen de Fátima, cerca al acueducto municipal (con más de 60 años), y la imagen de la Virgen a la entrada de Dominguillo.

Indudablemente, la relativa tranquilidad de nuestro municipio otra vez ha quedado resquebrajada por los anteriores hechos de intolerancia religiosa, que dañan la convivencia y la imagen de nuestro municipio, uniéndose a la ola de inseguridad ciudadana que día a día nuestras autoridades intentan controlar con máximos esfuerzos, ante el clamor de los quilichagueños, ávidos de más tranquilidad y sosiego. Esa intolerancia religiosa es inexplicable, injusta, impopular y se dirige contra los valores y tradiciones de una población con mayoría católica, que respeta las demás creencias sin acudir a situaciones destructoras, extremistas y violentas, en contra del pueblo. Se dirá que aquellas imágenes no representan nada, pero los ciudadanos no veneramos la imagen en sí misma, lo material, sino el significado, la historia y hasta la devoción que les profesamos (al igual que las fotografías).

Volviendo al párrafo inicial de esta columna, nuestra Constitución Política del 91, en su artículo 19 consagra claramente la llamada Libertad de Cultos, que en su parte sustancial afirma que: “Toda persona tiene derecho a profesar libremente su religión y a difundirla en forma individual o colectiva”. Los hechos narrados y sucedidos, son una violación flagrante del mismo y los quilichagueños no nos merecemos episodios tan vergonzosos. ¿Qué tal que en el Brasil unos vándalos destruyan el famoso Cristo del Corcovado? ¿O en Cali destruyan las simbólicas Tres Cruces? Más tolerancia por favor y más respeto a las creencias del pueblo quilichagueño.

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