Octavio Guzmán hace vías mientras Muñoz sigue viajando

Editorial Proclama del Pacífico
Cuando la Gobernación tiene que hacer de Alcaldía. La Gobernación del Cauca amplía su intervención vial en la zona rural de Popayán con 24 nuevos tramos de placa huella y una inversión acumulada superior a $9.600 millones. El contraste con las demoras de proyectos municipales, entre ellos la Avenida de Los Próceres, abre una discusión sobre liderazgo, ejecución y resultados en la capital caucana.
Popayán lleva demasiado tiempo acostumbrándose a esperar. Esperar que terminen una obra, que reparen una calle, que destraben un proyecto, que aparezcan los recursos o que alguna administración explique por qué aquello que debía estar terminado continúa pendiente. Mientras tanto, la ciudad envejece entre huecos, vías inconclusas, cuentos y una movilidad que exige soluciones menos discursivas y mucho más concretas.
La Avenida de Los Próceres es probablemente el mejor ejemplo de esa incapacidad para convertir los anuncios en resultados. No se trata de una obra que la actual administración municipal haya recibido terminada ni lista para inaugurar, porque sería faltar a la verdad. El proyecto arrastraba dificultades, incluidas situaciones ambientales que provocaron su suspensión. Pero también es cierto que Juan Carlos Muñoz recibió una iniciativa estructurada desde años anteriores, con estudios, gestiones y recursos adelantados, y que después de casi tres años de gobierno la vía continúa sin ser entregada en su totalidad.
En octubre de 2024, la propia Alcaldía de Popayán anunció la reactivación de Los Próceres y aseguró que los primeros tramos serían terminados ese año. Pasó 2024, pasó 2025 y en pleno 2026 la administración seguía informando sobre alcantarillado, nivelación de terrenos, trámites prediales y asuntos ambientales pendientes. Los ciudadanos, que no viven de cronogramas ni de boletines de prensa, siguen esperando la avenida.
Ese retraso sería apenas una obra más dentro de las dificultades normales que puede enfrentar cualquier gobierno si alrededor existiera una ciudad transformándose con grandes proyectos. El problema es que Los Próceres terminó convirtiéndose en una fotografía bastante fiel de la administración municipal: mucho tiempo consumido, demasiadas explicaciones y pocos resultados capaces de producir la sensación de que Popayán está recuperando el tiempo perdido.
Mientras las obras caminan a una velocidad desesperante, alrededor del alcalde ha crecido otra percepción que no puede ignorarse: la de un mandatario al que se le ve viajando, asistiendo a eventos, cumpliendo agendas y viaticando dentro y fuera del territorio, mientras buena parte de la ciudad reclama una mayor presencia frente a sus problemas cotidianos. Viajar no constituye por sí mismo una falta y un alcalde tiene obligaciones de gestión que pueden llevarlo fuera de Popayán. La discusión surge cuando los desplazamientos terminan contrastando con una administración cuya ejecución no muestra, en las calles, la misma intensidad que su agenda.
La ciudad no necesita un alcalde encerrado en su despacho, pero tampoco puede conformarse con uno cuya gestión termine midiéndose por reuniones, fotografías o viajes mientras los proyectos estructurales siguen esperando. A un gobernante se le juzga por aquello que logra dejar funcionando cuando termina su periodo.

Y es justamente allí donde aparece un contraste político imposible de esconder. Mientras la Alcaldía intenta explicar sus retrasos, el gobernador Octavio Guzmán decidió entrar a Popayán, especialmente a esa parte de la ciudad que casi nunca aparece cuando se habla de la capital: sus corregimientos y veredas.
La Gobernación del Cauca ha convertido el programa Vías para la Vida en una de las expresiones más visibles de su política de infraestructura rural. En Popayán ya se han construido tramos de placa huella, se han desarrollado convenios con las Juntas de Acción Comunal y se han destinado recursos departamentales para atender comunidades que durante años tuvieron que insistir, pedir y, en muchos casos, prácticamente rogar para conseguir unos cuantos metros de vía que les permitieran sacar sus cosechas o llegar en mejores condiciones a la ciudad.
Ahora viene una nueva gestión, 24 tramos adicionales de placa huella para la zona rural de Popayán. De acuerdo con la información entregada por la Gobernación, los convenios solidarios relacionados con esta estrategia ya representan inversiones acumuladas superiores a $9.600 millones en el municipio.
No estamos hablando de vías ornamentales ni de obras concebidas únicamente para cortar una cinta. Estamos hablando de caminos que usan agricultores, estudiantes, adultos mayores, transportadores y familias que diariamente se desplazan entre las veredas y el casco urbano. Allí una placa huella puede significar que una ambulancia logre entrar durante el invierno, que un productor pueda sacar su cosecha sin perderla en el camino o que un niño llegue a la escuela sin atravesar un lodazal.
Ese es el sentido que Octavio Guzmán le ha dado a Vías para la Vida y que también aparece dentro de las apuestas de infraestructura de su Plan Departamental de Desarrollo. El Cauca arrastra un atraso vial histórico, particularmente en sus redes secundaria y terciaria, y la administración departamental escogió trabajar parte de esa brecha mediante intervención directa y convenios con las propias comunidades.
En Popayán hay hechos que permiten medir esa política. En la zona rural se habían reportado previamente alrededor de 3.600 metros de placa huella distribuidos en 63 tramos, con una inversión superior a los $3.160 millones. A ello se agrega el nuevo paquete de 24 intervenciones y otras obras de mayor alcance.
Una de ellas es el corredor El Charco–El Tablón–La Yunga–Río Hondo, donde la Gobernación reportó en julio una inversión superior a $7.350 millones. Para ese momento habían sido intervenidos 1.500 metros y el proyecto registraba un avance del 42 %. También existen actuaciones en sectores como Santa Bárbara y otras zonas rurales donde el propio gobernador ha recorrido las obras y se ha reunido directamente con las comunidades.
Liderazgo territorial frente a una deuda local

Hay una diferencia importante entre hacer presencia y ejercer liderazgo. Presencia puede ser llegar, hablar, tomarse una fotografía y marcharse. Liderazgo es encontrar una necesidad, comprometer recursos, organizar la ejecución y volver para comprobar qué ocurrió. Eso es lo que vale la pena reconocerle al gobernador.
Octavio Guzmán pudo refugiarse en una respuesta burocrática bastante cómoda: esas vías pertenecen a Popayán y es la Alcaldía la que debe resolverlas. No lo hizo. Entendió que un campesino de La Yunga, Santa Bárbara, Santa Rosa o cualquier corregimiento de la capital sigue siendo un ciudadano del Cauca y que la falta de capacidad o liderazgo de una administración municipal no puede convertirse en una condena para sus comunidades.
La Gobernación también ha anunciado inversión vial en el sector que comunica a Santa Rosa, La Tetilla y La Meseta con el área urbana de Popayán, una intervención que beneficia a comunidades del noroccidente rural de la ciudad. La política departamental, por tanto, no está concentrada en un solo corredor ni responde a una actuación ocasional.
Los municipios y sus habitantes no tienen por qué pagar las consecuencias de alcaldes sin suficiente capacidad de ejecución. La institucionalidad existe precisamente para que los distintos niveles de gobierno puedan encontrarse allí donde la gente necesita soluciones. Si una Alcaldía se queda corta, el departamento debe tener la grandeza política de entrar a ayudar sin detenerse en disputas sobre quién recibe el reconocimiento.
El gobernador está tomando banderas que naturalmente deberían encontrar mayor liderazgo desde la administración municipal. Se reúne con comunidades, recorre las zonas rurales, entrega placas huella y anuncia nuevas inversiones mientras muchos habitantes de la capital continúan preguntándose dónde están las grandes obras que prometió su alcalde.
No significa que la Alcaldía no haya hecho absolutamente nada. Sería injusto sostenerlo. La administración municipal también ha reportado mantenimiento de vías rurales, placas huella y convenios comunales. Pero la discusión política no consiste en determinar si hizo algo. A estas alturas del periodo, la pregunta es si lo realizado corresponde a las necesidades, los recursos, el tamaño y las expectativas de una capital departamental como Popayán.
Los Próceres sigue siendo una prueba

Juan Carlos Muñoz fue elegido para gobernar una ciudad que requiere liderazgo, capacidad de gestión y obras capaces de sobrevivir a la publicidad institucional. Y faltando cada vez menos para terminar su mandato, el tiempo comienza a convertirse en su adversario más incómodo.
Los Próceres seguirá siendo una prueba. No porque sea la única obra pendiente, sino porque representa aquello que el ciudadano puede comprobar con sus propios ojos. La avenida comenzó antes de este gobierno, atravesó dificultades, fue reactivada y todavía espera su conclusión. Cada día que pasa aumenta la distancia entre el anuncio y la entrega.
Octavio Guzmán, mientras tanto, entendió algo elemental: cuando las comunidades piden una carretera no están preguntando primero si la competencia es municipal o departamental. Preguntan quién puede resolverles. Y cuando un gobernador decide hacerlo, merece reconocerse.
Seguramente deberá seguir entrando a Popayán, porque la capital también es Cauca y sus corregimientos no pueden quedar sometidos a la falta de liderazgo local. Esa no debería ser una competencia entre Gobernación y Alcaldía ni una pelea por quién aparece primero en la fotografía. Debería ser la obligación elemental de dos gobiernos trabajando para la misma gente.
Pero cuando uno de ellos se queda atrás, inevitablemente el otro termina ocupando ese espacio. Eso es lo que hoy ocurre en Popayán. Mientras desde la Alcaldía todavía se administran explicaciones y pendientes, Octavio Guzmán está recorriendo caminos, firmando convenios y poniendo recursos donde las comunidades llevan años pidiendo respuestas.

Las ciudades no tienen la culpa de los gobiernos que les correspondieron. Tampoco los campesinos pueden esperar cuatro años hasta que llegue alguien con mayor capacidad de decisión. Por fortuna para Popayán, existe un gobernador que entendió que también debía hacerse cargo.



