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Miércoles, 28 de octubre de 2026

El gobierno del Cauca debe juzgarse desde su propio contexto

Gobernar el Cauca exige una lectura distinta. No porque el departamento deba ser tratado con indulgencia, ni porque sus mandatarios merezcan una vara más baja, sino porque administrar este territorio implica enfrentar una combinación de dificultades que rara vez se...

El gobierno del Cauca debe juzgarse desde su propio contexto

Alfonso Luna Geller

Gobernar el Cauca exige una lectura distinta. No porque el departamento deba ser tratado con indulgencia, ni porque sus mandatarios merezcan una vara más baja, sino porque administrar este territorio implica enfrentar una combinación de dificultades que rara vez se presenta con igual intensidad en otras regiones del país.

Son 42 municipios distribuidos entre cordilleras, el Macizo Colombiano, el norte industrial y agropecuario, el oriente indígena, la Bota Caucana y un litoral Pacífico todavía separado por enormes dificultades de conectividad. A ese mapa se suman pobreza, rezagos históricos en vías, salud, agua potable, economías ilegales, minería criminal y un conflicto armado que continúa condicionando la vida cotidiana.

Ese contexto es indispensable para evaluar a Jorge Octavio Guzmán Gutiérrez como gobernador del Cauca.

Una encuesta no cuenta toda la historia

El gobierno del Cauca debe juzgarse desde su propio contexto

El reciente Panel de Opinión 2026 de Cifras & Conceptos merece una lectura cuidadosa. No es una encuesta de popularidad ni una clasificación integral de los 32 gobernadores. Solo fueron incluidos 17 departamentos y se consultaron líderes de opinión de todo el país. Presentar esos resultados como si establecieran quién es “el mejor” o “el peor” gobernador de Colombia conduce a una conclusión que el propio alcance de la medición no permite.

Una percepción tiene valor, claro. Permite conocer cómo determinados sectores observan una administración. Pero no reemplaza una auditoría, no mide por sí sola ejecución, cobertura, resultados ni las condiciones bajo las cuales debe gobernarse.

Y ahí aparece una diferencia sustancial. No es lo mismo administrar desde una capital con infraestructura consolidada, mayor presencia estatal y condiciones de seguridad relativamente estables, que gobernar un departamento donde hay zonas en las que ejercer autoridad pública supone incluso riesgos personales. Comparar sin considerar esa realidad puede producir una lectura distorsionada.

Una gestión que debe medirse por hechos

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Octavio Guzmán tampoco puede reclamar inmunidad frente a la crítica. Cada peso debe justificarse, cada obra debe terminarse y cada promesa debe contrastarse con resultados.

Pero después de casi tres años existen elementos verificables para evaluar su administración.

El Plan Departamental de Desarrollo 2024-2027 fue construido con participación de más de 14.000 personas y proyectó inversiones por $10,29 billones. Desde su formulación apareció una decisión política relevante: intentar mirar el Cauca desde sus subregiones y no exclusivamente desde Popayán.

Ese enfoque territorial se aprecia particularmente en infraestructura. Vías para la Vida reportó durante 2025 más de 820 kilómetros intervenidos en la red secundaria, 1.308 kilómetros atendidos en vías terciarias, 132 puntos críticos estabilizados y trabajos en 146 puentes. La vía Padilla-Puerto Tejada supera el 70 % de ejecución con una inversión superior a $32.500 millones. El Hospital Francisco de Paula Santander se acerca al 90 % de avance y en Guapi se desarrolla un hospital de segundo nivel proyectado para atender población del Pacífico caucano y del noroccidente de Nariño.

Agua para el Cauca proyecta 50 plantas de tratamiento y el mejoramiento de 350 sistemas de acueducto rural en 35 municipios, con cerca de 35.000 millones de pesos comprometidos.

Gestionar también es conseguir recursos

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Una administración departamental no dispone de recursos suficientes para resolver por sí sola las brechas acumuladas durante décadas. Gobernar bien también consiste en formular proyectos, conseguir aliados y llevar las necesidades regionales hasta las entidades que pueden financiarlas.

Ese es uno de los aspectos en los que Guzmán ha mostrado capacidad política y administrativa.

El Pacto Territorial Cauca, firmado en septiembre de 2025 entre la Nación, la Gobernación, los 42 municipios del departamento y Jamundí, proyectó $27,6 billones para 15 macroproyectos y más de 200 iniciativas. Es necesario decirlo con claridad: ese dinero no está depositado en las cuentas departamentales ni corresponde a obras ya realizadas. El pacto tiene un horizonte de diez años y compromete distintos niveles del Estado. El mérito de la administración departamental está en haber logrado sentar al Cauca en una mesa nacional de esa dimensión. La prueba definitiva será conseguir que los compromisos sobrevivan a los gobiernos y terminen convertidos en carreteras, hospitales, agua potable, energía y oportunidades económicas.

La salud ofrece otro ejemplo de gestión territorial para lograr financiación nacional. Entre 2022 y 2026, el Ministerio de Salud reporta inversiones por $801.437 millones en el Cauca, entre atención primaria, infraestructura, dotación hospitalaria, transporte asistencial y otros programas. Dentro de esa cifra aparecen $323.075 millones para 96 proyectos de infraestructura y dotación y $27.143 millones para 92 vehículos asistenciales.

El campo también está en la agenda

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Hay otro aspecto que merece atención. Fincas Nativas vinculó a 1.265 productores de café, caña panelera, plátano y limón Tahití con una inversión inicial superior a $20.000 millones. Un proyecto adicional para municipios PDET prevé llegar a más de 6.800 familias caficultoras, mientras experiencias como la Subasta por la Paz han conectado productores caucanos con compradores internacionales.

Que Guzmán provenga de una familia campesina de La Vega ayuda a explicar su sensibilidad frente a la ruralidad, pero no basta como argumento para valorar su gobierno. Lo que finalmente contará será cuánto mejoraron los ingresos, la productividad y las posibilidades de comercialización de esas familias.

El Pacífico caucano presenta otra prueba todavía mayor. Guapi, Timbiquí y López de Micay han vivido durante demasiado tiempo con una presencia estatal fragmentaria. Durante este gobierno han aparecido allí proyectos hospitalarios, educación superior, cultura, conectividad y transporte asistencial. Universidad en tu Colegio, por ejemplo, busca que jóvenes de Guapi puedan comenzar estudios superiores sin abandonar inmediatamente el territorio.

Un liderazgo que cruza las fronteras del departamento

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Guzmán asumió en abril de 2026 la presidencia de la RAP Pacífico y del OCAD Regional Pacífico, una posición útil para un departamento que no resolverá solo sus problemas de conectividad, seguridad y acceso al océano.

Es más, según el DANE, la pobreza monetaria del Cauca bajó de 49,6 % en 2023 a 40,9 % en 2025, una reducción de 8,7 puntos porcentuales. En ese resultado intervienen el empleo, la inflación y la economía privada, junto con la gestión departamental.

Las empresas públicas sostienen las finanzas

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Las entidades descentralizadas completan el balance. La Industria Licorera del Cauca transfirió al departamento más de 54.000 millones de pesos en 2025, y la Lotería del Cauca giró cerca de 18.600 millones de pesos para salud con ventas superiores a los 51.000 millones. Sostener esas empresas rentables, mientras se moderniza la Secretaría de Hacienda y se recuperan proyectos hospitalarios atascados durante años, también es gobernar.

La herida sigue siendo la violencia

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En 2026 han continuado asesinatos de líderes sociales, hostigamientos, secuestros, desplazamientos y ataques con drones. Después del asesinato de dirigentes comunitarios en Cajibío, la Gobernación volvió a pedir al Gobierno Nacional mayor capacidad operativa, tecnología, inteligencia y medidas de protección para los liderazgos amenazados. La Defensoría del Pueblo también ha reclamado una respuesta integral del Estado frente al deterioro humanitario del suroccidente.

Aquí debe hacerse una distinción elemental. Un gobernador coordina, exige, convoca, gestiona y responde políticamente ante su territorio. Pero no dirige la Fuerza Pública ni diseña la política nacional de defensa. Pretender que una confrontación armada de alcance nacional sea resuelta únicamente desde la Gobernación del Cauca desconoce las competencias constitucionales y, de paso, facilita que la Nación eluda su responsabilidad.

Reconocer no significa absolver

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Nada de esto convierte la gestión de Octavio Guzmán en un modelo sin pendientes. Persisten territorios sin agua potable suficiente, electrificación rural incompleta, hospitales por terminar y una violencia que ningún consejo de seguridad ha logrado detener. Aun así, mejor, por eso mismo, merece calificarse como especial. Se sostiene sobre un territorio donde cada obra, cada hospital y cada kilómetro de vía compite con una adversidad que ningún otro departamento del país enfrenta en la misma magnitud.

Reconocer una gestión no significa convertirla en propaganda. Significa mirar los hechos sin mezquindad y también señalar lo que falta.

El respaldo debe ser para el Cauca

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El Cauca no puede seguir apareciendo en la agenda nacional únicamente cuando explota una bomba, ocurre una masacre, se bloquea la Panamericana o una comunidad debe desplazarse.

La presencia del Estado tiene que llegar antes. Apoyar institucionalmente a la Gobernación no significa hacerle un favor político a Octavio Guzmán. Significa asumir una obligación con un territorio al que durante décadas se le han acumulado problemas que ningún mandatario departamental puede resolver solo.

La Nación debe acompañar la culminación de las vías, los hospitales, los proyectos de agua y energía, garantizar seguridad sobre la Panamericana, proteger a los líderes sociales y hacer presencia estable donde todavía llega de manera intermitente.

Gobernar el Cauca no consiste solamente en administrar un presupuesto. Es intentar construir institucionalidad en lugares donde durante demasiado tiempo el Estado llegó tarde, llegó poco o simplemente no llegó.

Por eso, el respaldo que hoy necesita Jorge Octavio Guzmán debe entenderse, ante todo, como un respaldo al Cauca. Porque el Cauca está haciendo su parte. La Nación debe hacer la suya.

El periodismo que sostiene la conversación regional

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Pues bien, hay otro componente del Panel de Opinión que también merece atención: permite reconocer el papel de quienes, desde el periodismo, la radio, la academia y las columnas de opinión, sostienen la conversación pública regional. En ese contexto, también es justo destacar el trabajo que durante años han realizado medios como El Liberal, Radio 1040 y la Emisora Universidad del Cauca, así como periodistas, escritores y columnistas entre los que se encuentran Marco Antonio Valencia Calle, Reinaldo Hoyos, Eduardo Nates López, Víctor Paz Otero, Alejandro Zúñiga, Juan Carlos López Castrillón, Clara Inés Chaves Romero, Juan Pablo Matta Casas, Gustavo Álvarez Gardeazábal, Leandro Felipe Solarte Nates, Mario Cepeda Bravo y Álvaro Urbano, entre otros.

El aporte de esa producción intelectual no debería reducirse a una posición dentro de una encuesta. Su verdadero valor está en mantener al Cauca dentro de la conversación cultural y periodística del país, documentar sus conflictos, discutir sus contradicciones y recordar que este departamento posee una densidad histórica, académica y cultural que pocas veces corresponde con la imagen exclusivamente violenta mediante la cual suele ser presentado ante Colombia.

El Panel de Opinión debe leerse completo, con contexto, como insumo para observar tendencias y percepciones entre gobernadores que administran territorios profundamente distintos. El de Jorge Octavio Guzmán Gutiérrez, con sus pendientes y sus resultados verificables, merece leerse desde esa vara.


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Redacción Proclama del Pacífico

Periodismo verificado desde Santander de Quilichao, Cauca.

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