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Sábado, 10 de octubre de 2026

Reclutamiento forzado en Cauca, pan de cada día

Reclutamiento forzado en Cauca, pan de cada día

Imagen por: https://chatgpt.com/

JESÚS-ALBERTO-AGUILAR
En el Cauca, el reclutamiento forzado no ha desaparecido. Ha cambiado de métodos y se mantiene como una forma de control armado sobre el territorio, las comunidades y la vida de niños, niñas, adolescentes y jóvenes. A las amenazas y la presión directa se suman la manipulación en redes sociales, las promesas de dinero, el ofrecimiento de reconocimiento social y otras estrategias utilizadas en zonas atravesadas por la pobreza, la disputa armada y la limitada presencia institucional.

La población indígena aparece en el centro de esta crisis. Según el texto base, una parte considerable de los menores reclutados pertenece a comunidades indígenas del departamento. Algunos serían trasladados hacia otras regiones del país, entre ellas los Llanos Orientales, donde recibirían instrucción militar. También se afirma que varios han muerto durante enfrentamientos entre organizaciones armadas ilegales o en operaciones de la fuerza pública. Estas circunstancias requieren verificación documental y contraste con autoridades competentes.

Una solicitud para el próximo Gobierno

La defensora del Pueblo, Iris Marín Ortiz, habría enviado una comunicación al presidente electo, Abelardo de la Espriella, y al vicepresidente José Manuel Restrepo para solicitar una reunión urgente con ellos y con su equipo de empalme. El propósito sería presentar las recomendaciones contenidas en el documento Decisiones impostergables en materia de derechos humanos.

Iris Marín Ortiz

De acuerdo con el texto suministrado, ese documento aborda la desigualdad estructural, la exclusión persistente, la violencia armada, la paz, la seguridad, las garantías democráticas, la degradación ambiental, el cambio climático, los derechos de la naturaleza, la reforma rural integral y los derechos territoriales.

La Defensoría también habría expresado su disposición de mantener un diálogo institucional respetuoso, constructivo e independiente, orientado a la protección de los derechos de todas las personas. Dentro de las preocupaciones expuestas estaría el reclutamiento de menores de edad y su impacto desproporcionado sobre los pueblos indígenas del Cauca.

La respuesta, según este enfoque, no puede depender únicamente de operaciones militares. La prevención también exige entornos protectores, acceso a educación y salud, presencia institucional permanente y perspectivas de futuro para los menores de edad que viven en las regiones afectadas por la violencia y la pobreza.

Captación, presión y control territorial

En territorios de Cauca y Nariño, el Estado Mayor Central de las FARC-EP, el ELN, la Segunda Marquetalia y otros actores armados son señalados en el texto como responsables de utilizar el reclutamiento para ampliar su control territorial. Las comunidades indígenas y afrodescendientes enfrentarían una afectación mayor por su ubicación en corredores de movilidad, zonas de disputa armada y territorios utilizados para economías ilegales.

Las formas de captación no serían uniformes. En algunos casos, los menores son presionados o amenazados. En otros, son persuadidos con dinero, promesas de poder, reconocimiento dentro del grupo o una supuesta mejora de sus condiciones personales. Las redes sociales también serían empleadas para establecer contacto, ganar confianza y presentar la vida armada como una alternativa frente a la falta de oportunidades.

El texto menciona, además, denuncias de autoridades municipales sobre el uso de diferentes zonas como lugares de acopio y corredores para el traslado de hombres armados y actividades relacionadas con el narcotráfico en el suroccidente del país. La identificación de los municipios, las denuncias específicas y las entidades que las recibieron debe ser confirmada antes de la publicación definitiva.

Comunidades que resisten

El artículo destaca el trabajo de Daniel Eduardo Molano Piamba y de su equipo en la región caucana. También reconoce que las comunidades han asumido una parte importante de la protección de sus integrantes, pese a las limitaciones de seguridad y a los riesgos que enfrentan quienes intentan impedir el reclutamiento.

Daniel Eduardo Molano Piamba

Guardias indígenas, autoridades étnicas, familias, organizaciones comunitarias y defensores de derechos humanos han cumplido funciones de prevención, búsqueda y acompañamiento. Sin embargo, el texto sostiene que la respuesta del Estado continúa siendo tardía o fragmentada y que la protección no puede quedar únicamente en manos de las comunidades.

Prevenir el reclutamiento exige fortalecer las capacidades locales, garantizar el acceso a la justicia y ofrecer alternativas educativas, laborales, culturales y comunitarias. La presencia militar puede atender situaciones de seguridad, pero no sustituye las políticas sociales necesarias para reducir la exposición de niños y adolescentes a las redes de captación.

La Constitución como punto de encuentro

El autor plantea que la Constitución Política de 1991 continúa siendo el principal pacto político y de paz de la historia republicana reciente de Colombia. La presenta como una referencia para la defensa del pluralismo democrático, los derechos humanos y la participación de movimientos de distintas orientaciones políticas sin estigmatización.

Esa defensa constitucional adquiere sentido frente al reclutamiento forzado porque los menores de edad tienen una protección especial. La obligación estatal no se limita a reaccionar después de que un niño o adolescente ha sido captado. También implica prevenir, proteger a las familias, atender a quienes logran desvincularse y evitar que las comunidades queden atrapadas entre los actores armados y la ausencia institucional.

El reclutamiento forzado en el Cauca sigue siendo una amenaza que modifica sus procedimientos, pero conserva el mismo efecto: interrumpe proyectos de vida, debilita a las comunidades y prolonga los ciclos de violencia. La respuesta requiere seguridad, pero también educación, salud, justicia, acompañamiento familiar y oportunidades verificables para quienes viven en los territorios más afectados.


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Jesús Alberto Aguilar Guerrero