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Domingo, 4 de octubre de 2026

Mercenarios, un insoportable ruido de la guerra I

Mercenarios, un insoportable ruido de la guerra I

Imagen por: https://chatgpt.com/

Amparo bastidas

La oscuridad de la noche en Popayán anuncia tristes noticias. Conversan Lidia y Mercy. Te noto algo pesarosa, comadre. Sí, es que me enteré que al hijo de una conocida lo reclutaron como mercenario para llevarlo a Ucrania.

¿Y eso? La mamá de Luis, el reclutado, trabaja en oficios domésticos en la casa de una vecina, explica Lidia. Ella cuenta que a su hijo lo venían convenciendo desde hace un año. Todos en su familia de un Cabildo indígena que viven al sur de Popayán, se opusieron a que se fuera de mercenario. Tiene 35 años, fornido y hábil para cualquier oficio. Es casado y con dos hijos.

Luis prestó el servicio militar pero no le gustó seguir en las Fuerzas Militares, como indígena que es. Entonces ¿por qué aceptó ir de mercenario? preguntó Mercy. La ambición, dijo Lidia: Les ofrecen $80 millones al inicio y desde $12 hasta $20 millones al mes, durante un año. Falacia que no cumplen, pues no les han dado ni un centavo.

Luis engañó a su familia para irse. Dijo que iba al Huila a hacer unos trabajos de construcción. Se despidió raro, no saben si le estaban dando alguna sustancia, afirma la esposa. Pasaron dos semanas sin saber de él, hasta que Carlos, un amigo de Luis les contó que iba también con Luis a “pelear por Ucrania”, pero a última hora se arrepintió viendo a su mamá sola. Es único hijo.

Carlos les contó que Luis salió por Bogotá, que en el aeropuerto les entregaron pasaporte con visa. Después no supo nada más. Tres semanas más tarde Luis llamó desde Ucrania, de un número desconocido a su hija de 15 años. Le dijo que tenía dos minutos para hablar porque ya los llevaban al “frente”. Le habían quitado el celular y todos los papeles.

La chica triste, contó de la llamada a su mamá, a la abuela y demás familiares, menos a su hermano de 9 años. Se acerca el cumpleaños del niño que no para de preguntar por el papá. Ha adelgazado, no come, se lo ve triste, cuenta la abuela llorando.

Los reclutadores dice Mercy, según investigaciones son algunos militares retirados, o ex paramilitares, otros han pertenecido a agencias de vigilancia. Ganan porcentaje por cada reclutado. Abren páginas en internet ofreciendo fortunas. Por WhatsApp mandan números de contacto.

Esta terrible situación en Colombia, derivada de 6 décadas de guerra, dijo Lidia, estimuló a algunos representantes a la Cámara del Pacto Histórico, a presentar una Ley que califica como delito el mercenarismo. El Congreso de Colombia la aprobó y el presidente Gustavo Petro sancionó la Ley 2569 del 17 de marzo de 2026, que: “Ratifica la Convención Internacional contra el Reclutamiento, Utilización, Financiación y Entrenamiento de Mercenarios…”

Es un avance pero no suficiente, dice Mercy. La Inteligencia Militar debe ubicar y castigar a reclutadores. El Gobierno del cambio que aprobó la Ley anti mercenarismo, debe continuar para acabar semejante tragedia familiar en Colombia, herencia del insoportable ruido de la guerra, remató Lidia.


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