Puerto Tejada ha amanecido hoy con un silencio distinto, un vacío que se siente en sus calles y que aprieta el corazón de quienes crecimos bajo su sol. Se nos fue Rubén Ramírez Trujillo. Se marchó en Bogotá, a los 70 años, víctima de un infarto que le detuvo los pasos, pero que no podrá borrar la huella de una vida tejida con amistad, cultura y esa finura que solo dan las raíces bien puestas.
Con Rubén fuimos panas desde la juventud, de esos amigos que se conocen en la esencia. Al verlo, era inevitable recordar su herencia: su padre, el médico Rubén Ramírez Vivas, figura señera de aquel Puerto Tejada que era el centro palpitante del desarrollo regional. Eran los tiempos en que los médicos no solo curaban cuerpos, sino que diseñaban el futuro político junto a grandes como Marino Viveros Mancilla, Alejandro Peña y Rafael Cortés Vargas. De esa madera estaba hecho Rubén; de la estirpe de hombres que entendían que el servicio y la palabra eran los pilares de la sociedad.

Me encantaba volver a Puerto Tejada y buscar el encuentro con él. Estar con Rubén era revivir la memoria colectiva de un municipio que fue puerto fluvial y despensa agrícola de cacao y tabaco; era sentir el mismo pulso vital que compartí con inolvidables como Sabas Casarán o Miguel Antonio Gómez Carabalí, y que hoy siguen representando con dignidad figuras como José Ramón Burgos, Luis Alberto Barrera, Mabel Lara o Álvaro Miguel Mina. Rubén era, sin duda, un eslabón dorado en esa cadena de calidades humanas.
Su vida profesional fue un tributo al arte. Como gestor en el Instituto de Cultura, no solo cumplió una labor administrativa; dejó una estela de creatividad y un amor profundo por las expresiones que nos dan identidad. Allí lo recordarán siempre por su compañerismo y esa chispa inagotable que lo hacía especial. Tenía un humor fino, una elegancia en el decir que lograba arrancar sonrisas en los momentos más oscuros, recordándonos que siempre hay una manera de hacer las cosas mejor para los demás.
Pero más allá del funcionario y el amigo, Puerto Tejada despide hoy al esposo abnegado y al padre ejemplar. Un hombre sencillo que, sin pretensiones, se volvió eterno en el recuerdo de quienes tuvimos el privilegio de llamarlo amigo.
Buen viaje, «pana» querido. Te vas cumpliendo la tarea, dejando la frente en alto y el nombre de tu estirpe intacto. Que el eco de tu risa siga resonando en cada rincón de nuestra tierra.
Paz en su tumba.