La Hija del Trueno

Aída Quilcué no es una cuota.
No es símbolo.
No es adorno.
Es territorio que habla.
Mujer nasa del Cauca, hija de la tierra y del fogón, su palabra viene de lejos: de los mayores, de la memoria, de la lucha. No nació en la política tradicional. Nació en la minga, en el caminar colectivo del Consejo Regional Indígena del Cauca, donde la dignidad no se negocia.
En su voz vive la huella de Manuel Quintín Lame: la tierra no se vende, se defiende. El pueblo no se rinde, resiste.
El Estado le arrebató a su compañero, Edwin Legarda. Pero no logró silenciarla. Su duelo se volvió palabra. Su palabra, camino.
Aída incomoda.
No suaviza.
No pide permiso.
Señala el poder, incluso cuando se disfraza de cambio.
Rompe la narrativa de la política cómoda.
Obliga a mirar lo que el país ha querido ignorar.
“La Mayora” no representa una candidatura.
Representa un pueblo que no desapareció.
Una historia que sigue viva.
Una Colombia que no cabe en el centro.
No es ella la que tiene que encajar en el país.
Es el país el que debe decidir si está listo para reconocerse en ella.
Porque esto no es solo política.
Es memoria.
Es justicia.
Es el tiempo de los pueblos.
Texto e IlustrArte Digital By Keshava Lìévano
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