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Martes, 6 de octubre de 2026

Felipe Solarte Nates es la palabra que no se rinde

Felipe Solarte Nates es la palabra que no se rinde

 

Por Alfonso Luna Geller / Hablar de «Pipo» Solarte es hablar sin rodeos, porque él mismo nunca ha usado rodeos para hablar de su vida ni de su territorio.

Felipe nació en Popayán en 1955, pero su carácter se forjó en Santander de Quilichao, en los años en que el tren aún llegaba al pueblo, los jóvenes aprendíamos a nadar en la piscina pública del parque Bolívar, los domingos eran de matiné en el teatro Paz, los cazadores cruzaban las calles con escopetas al hombro rumbo a bosques cercanos, don Fermín descuajaba de los cerros tutelares toneladas de finas maderas y se podía ir a pescar al río Quilichao.

En esos años también nació nuestra amistad. La marcó el fuego: en la noche de Navidad de 1965 o 66, no recuerdo bien, me tocó apagarlo cuando la pólvora con la que jugaba y la que tenía guardada en sus bolsillos, explotó estruendosamente incendiándole la ropa. Le produjo heridas abiertas desde la mano derecha y el antebrazo interno hasta el abdomen y el muslo. No sé cómo no se mató. “De recuerdo eterno, hasta que me cremen, porque me quedó gustando la candela, pero cuando no la sienta, heredé el tatuaje en alto relieve dibujado con fuego en carne viva, que más parece un mapa y que hoy envidiarían algunos de los muchachos a la moda en boga, que me tuvo acomplejado durante gran parte de la adolescencia, llevándome a extremar mi timidez con las “mujeres y las niñas bien”, e inclinándome a buscar la compañía de las meretrices, que no reparaban en tachas físicas de sus clientes”, recuerda Felipe, en desahogo.

Superadas esas etapas iniciales, ingresó a Español y Literatura en la Universidad del Cauca tras dejar el cuarto semestre de Medicina. En el Taller Literario I, dirigido por la francesa Alice Pouget de Rodríguez, la profesora leyó uno de sus textos y le pidió llevarlo al director de El Liberal, don Francisco Lemos Arboleda. El ensayo se publicó. Desde entonces, Felipe escribió con regularidad en ese diario.

La escritura se convirtió en eje de su vida, mientras participaba en células de estudio marxista, en movilizaciones y en debates de una generación que asumía que el mundo podía cambiar de inmediato.

También escribió luego para el diario El País, de Cali. Dirigió El Caucano, el periódico que fundó su padre, y lo sacó adelante con esfuerzo propio y publicidad conseguida a pulso, más de 100 ediciones hechas desde la insistencia pura. Luego fundó el periódico El Provincial del Cauca.

Pero la vida de Felipe Solarte Nates tuvo también su otra parte, la que él mismo reconoce sin pedir absolución ni buscar comprensión fácil. La bohemia, el alcohol, las noches largas, el talento sin disciplina. Esa frase que muchos pronunciaban con ligereza y con algo de crueldad: «muy inteligente, pero no progresa». Y sin embargo, en medio de todo eso, Felipe nunca dejó de leer, nunca dejó de escribir, nunca dejó de pensar. Porque hay algo que nadie le ha podido quitar en todos estos años: la terquedad de la palabra.

En 2012 publicó su primer libro, Relatos en busca de título, a los 57 años, aunque esos textos venían acumulándose desde décadas atrás. Llegaron después otros libros, otras historias, otras formas de organizar la vida alrededor de la palabra. Y en medio de todo, una decisión que cambió el rumbo: superar el alcohol, ordenar la vida, pararse sobre terreno firme.

En diciembre de 2015, publicó el segundo libro El jardín de los sicópatas: una serie de cuentos, crónicas, y relatos, la mayoría trabajados a lo largo de dos años, en el taller de escritura creativa «Relata», organizado por el Ministerio de la Cultura y el Área Cultural del Banco de la República, en su sede en Popayán, coordinado por el poeta Felipe García Quintero.

Después publicó Como corcho en remolino, una selección de artículos de prensa escritos a lo largo de varios años en distintos medios. En 2017 presentó Cantaleta al difunto, una crónica extensa sobre la llegada de los paramilitares al Cauca en el año 2000, cuando ingresaron por la vereda Lomitas, en Santander de Quilichao, se apoderaron de dos fincas y luego se extendieron por el norte y centro del departamento. Más adelante apareció la novela corta Entre samanes, publicada por la Gobernación del Cauca en 2023.

En Proclama del Pacífico, Felipe Solarte Nates también lleva unas tres décadas escribiendo. Llegó primero desde la memoria: el mercado de Quilichao, el río Quinamayó, la piscina municipal, las historias de barrio que la crónica recoge antes de que el olvido las borre. Con el tiempo su pluma se desplazó hacia los problemas estructurales del territorio: el monocultivo de la caña, la viabilidad de un nuevo departamento en el norte del Cauca, la situación de empresas como Cedelca, las tensiones que definen la vida regional. El territorio dejó de ser escenario y se convirtió en objeto de debate público.

Luego vino el plano nacional: la coyuntura política, las instituciones, el poder y sus contradicciones. Ese tránsito —de la crónica local al análisis del país— no abandonó nunca el anclaje caucano. Su lectura de Colombia siempre tiene raíces en un lugar concreto, y eso le da una consistencia que el análisis puramente capitalino rara vez alcanza.

Hoy Felipe Solarte Nates camina despacio por las calles de Popayán y Santander de Quilichao con su mochila vendiendo sus propios libros. Esa imagen lo resume con más precisión que cualquier semblanza: la independencia, la obstinación y la necesidad de seguir diciendo algo en un mundo que prefiere el ruido al argumento. Escribe desde la calle, desde la historia vivida, desde el territorio que nunca abandonó, aunque el territorio a veces no fuera amable con él.

Proclama del Pacífico le rinde homenaje con la misma franqueza con que él ha ejercido el periodismo durante décadas. Sin disfraz. Sin retórica de ocasión. Con el reconocimiento genuino de que una voz que persiste, que cae y vuelve, que escribe cuando todo invita al silencio, es exactamente el tipo de voz que este país necesita.


Imagen destacada: https://www.facebook.com/leandrofelipe.solartenates

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