Cali en la cima del ranking de homicidios

La seguridad volvió a ocupar el centro del debate público en Cali tras una sesión del Concejo Municipal en la que varios cabildantes advirtieron sobre el deterioro de los indicadores de violencia y la insuficiencia de las estrategias actuales para contener el accionar de las estructuras criminales.
Durante la discusión, la vicepresidenta de la Mesa Directiva, María del Carmen Londoño, afirmó que Cali ocupa el primer lugar en homicidios en Colombia y el sexto en América Latina, una situación que, según señaló, incide de manera directa en la percepción ciudadana sobre la gestión del alcalde Alejandro Eder.
Las cifras expuestas en el recinto profundizaron la preocupación. El concejal Sergio Mauricio Zamora recordó que la ciudad cerró 2025 con 1.061 homicidios y una tasa de 47,6 por cada 100.000 habitantes, casi el doble del promedio nacional, estimado en 23,49. De acuerdo con su análisis, estos números sitúan a Cali por encima de otras capitales como Bogotá y Medellín. Zamora subrayó además que el 39,5 % de las víctimas tenía entre 18 y 28 años y que la mayor concentración de casos se registra en las comunas del oriente, por lo que solicitó revisar la conducción de la Secretaría de Seguridad y Justicia.

En la misma línea, el concejal Carlos Andrés Arias Rueda cuestionó la efectividad del gasto público en seguridad y alertó sobre la persistencia del sicariato, el reclutamiento de menores y la circulación de panfletos amenazantes contra la fuerza pública. Como medida inmediata, planteó la posibilidad de implementar un toque de queda para menores de edad, con el objetivo de alejarlos de dinámicas como el “güireo” y el “chacaleo”.
Arias Rueda sostuvo que la ciudad enfrenta una combinación de factores que la hacen especialmente vulnerable, marcada por la presencia del narcotráfico y el microtráfico, y enfatizó que la respuesta no puede recaer únicamente en la administración local. A su juicio, se requiere una articulación real con el Gobierno Nacional para enfrentar el fenómeno de manera estructural.
El debate concluyó con una advertencia compartida: mientras Cali continúe siendo escenario de múltiples violencias, su proyección como destino de inversión y turismo seguirá debilitándose. Los concejales coincidieron en que la magnitud del problema exige decisiones inmediatas y un enfoque integral que trascienda los anuncios y se traduzca en resultados verificables para la ciudad.



