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Viernes, 9 de octubre de 2026

Bachillerato entre celdas en Santander de Quilichao

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Por: Juan Sebastián Pérez. 

En el Centro Penitenciario de Santander de Quilichao, un grupo de personas privadas de la libertad recibió el título de bachiller. Entre ellas está Jefferson Orozco, de 40 años, nacido en Ibagué, quien lleva cerca de siete años sin ver a su familia y se prepara para recuperar la libertad en los próximos meses.

Orozco describe este logro como un punto de giro en su historia personal. Relata que en diferentes momentos tuvo acceso a oportunidades de estudio fuera de prisión, pero no las aprovechó. Hoy, desde el patio de reclusión, sostiene que el encierro le abrió un espacio para revisar decisiones, retomar el camino escolar y pensar en un proyecto de vida distinto al que lo llevó al centro penitenciario.

El proceso educativo se desarrolla con acompañamiento de la institución Quilichao SEC y del Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario, INPEC. Directivos del establecimiento explican que la formación hace parte de la ruta de resocialización y que, antes de contar con este convenio, buscaron apoyo en entidades del municipio sin obtener respuesta. Finalmente, encontraron un aliado en la Asociación de Cabildos Indígenas, que se vinculó a la iniciativa y permitió consolidar el programa académico.

Bachillerato entre celdas en Santander de Quilichao
Bachillerato entre celdas en Santander de Quilichao

Durante la ceremonia de graduación, Orozco agradeció a los equipos del INPEC, a la dirección del centro y a la institución educativa por la posibilidad de culminar el grado undécimo. También mencionó las decisiones del Gobierno nacional que han permitido extender programas de estudio a la población privada de la libertad.

Desde el aula del penal, envía un mensaje directo a jóvenes y personas que hoy están fuera de los muros: tomar el estudio como herramienta principal para la vida, en lugar de las armas. Insiste en que la educación ofrece una salida para quienes desean corregir el rumbo y que el esfuerzo sostenido puede abrir otras puertas una vez cumplida la condena.

El equipo pedagógico del penal señala que esta cohorte de bachilleres se integra a un proceso que busca que más internos definan proyectos laborales y educativos para cuando recuperen la libertad. En ese escenario, el título de bachiller no se presenta como un punto de llegada, sino como el inicio de una nueva etapa para quienes hoy cursan sus últimos meses en el establecimiento de Santander de Quilichao.

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