A Banano lo mataron por pendejo / Cali le apostó a una décima Feria Internacional del Libro

A Banano lo mataron por pendejo
Una historia signada por la pobreza de un hombre honesto,
ingenuo en cierta medida,
pero convencido de que vería una Colombia diferente.

Siempre pensé que Banano era un hombre honesto y confiado, aunque algo apendejado y ya le voy a explicar por qué. Su nombre era Julio César, nació y creció en la parte media de Siloé cuando las casas no eran coloridas, sino de bahareque y vencían con estoicismo la ley de la gravedad ya que no se caían por mucho que temblara en Cali. Para más señas: era mono, pecoso y algo chaparro. De ahí que lo llamaran Banano.
En Siloé se aproximó a la gente del M19, de la urbana. Pero se lo llevaron para el ejército después de una redada en un billar. Prestó servicio en Bogotá.
¿Apendejado? Claro que sí. En un operativo que estaban haciendo en el centro, se encontró con un militante, Gabriel, a quien saludó entre risas y le preguntó, sin medir las consecuencias, cómo estaba la gente en la montaña.
Y ahí fue Troya. A Gabriel se lo llevaron a la décimo tercera Brigada, lo colgaron de las gónadas y lo hicieron cantar hasta rancheras. La única que no cantó fue “Luz de luna”, de Javier Solís, porque no se la sabía.
¿Y a Banano? Lo tuvieron preso. Lo que supimos después, es que volvió a Cali.
Un día cualquiera estaba almorzando con Carvajalito, muy cerca de la oficina, y a las afueras del restaurante y para ganarse unos billetes, dos bolivianos interpretaron música andina. ¡Uno de los bolivianos era Banano!
Lo llamé aparte, le pasé unos chavos y le pregunté: “¿Ve, brother, en qué momento resultaste extranjero, vos que sos más caleño que el pandebono?” Se sonrió picaresco: “No me vas a bataniar, es que estaba sin trabajo; me compré esta ruana, la gorra y estas maracas. Y aquí estoy, jalándole al arte”.
¿Y por qué lo mataron? Por pendejo. Un sábado en la tarde, en ciudad Bolívar, en Bogotá. Estaba desparchado, con diez mil pesos en el bolsillo y con ganas de tomarse una birra.
Iba a comprar tres cervezas para bebérselas en la pieza oyendo a Richie Rey y Bobby Cruz, pero se encontró con un corrillo de gente. Lo invitaron a sentarse. Imagínese: trago, mujeres, comida, baile y todo gratis. ¿Qué más pedirle a la vida? (Ojalá no me acusen de misógino y machista; simplemente estoy haciendo un relato)
Hacia la medianoche llegaron disparando. Tas-tas-tas. El único muerto fue Banano. Tres personas más resultaron heridas. Resulta que era la fiesta de unos jíbaros celebrando que habían “recuperado” un territorio.
Lo extrañaremos. Pero Julio César murió escuchando lo que, sin duda, confundió con fuegos artificiales, pero que eran disparos de verdad… @CrónicasdeMacondo
Cali le apostó a una décima Feria Internacional del Libro
Con masiva participación

Resumir la X Feria Internacional del Libro de Cali (FILCALI 2025) no es nada fácil. Sobre todo, porque rebasó todas las expectativas, entre el 24 de octubre y el 3 de noviembre último, bajo la dirección de la escritora y periodista, Paola Guevara. En esencia fueron diez días de intensa celebración literaria y cultural que consolidaron al evento como un pilar en el calendario cultural del suroccidente colombiano.
Las carpas que hacían evocar la llegada carnavalesca de los saltimbanquis a Macondo, se instalaron en todo el Bulevar del Río, el Paseo Bolívar y los alrededores del CAM, transformando todo en un espacio de cultura, lectura y conferencias sobre diversos temas que colman las expectativas de quienes leen y escriben.
Y un plus: el acceso libre, gratis. Diez años así. Cultura para todos. De hecho, vino gente de todas partes, incluso del extranjero.
¿Y los libros? Caritos. Hoy día todo texto impreso resulta costoso. Pero cada visitante, de acuerdo a una encuesta realizada por los organizadores del evento, se compró dos libros como mínimo, del tema que fuera. Había de todo, como en botica, término que entendemos los que provenimos de un pueblo y que alude a los negocios donde el comprador adquiría todo lo que necesitaba, desde una pastilla para el dolor de cabeza, hasta el jarabe para olvidar las deudas.
En conjunto fueron más de mil eventos. Es decir, no había tiempo para aburrirse.
La directora de la FIL Cali, Paola Guevara, con quien tuvimos la oportunidad de dialogar, destacó la importancia de haber centrado la mirada en el talento colombiano en esta edición de aniversario, reafirmando que la feria es un espacio que impulsa «la recuperación de la ciudad a través de la lectura«.
La conmemoración de los 80 años de la Universidad del Valle y temas de memoria histórica, como los 40 años de la tragedia de Armero y la toma del Palacio de Justicia, también tuvieron un lugar central en los conversatorios y lanzamientos.
La clausura estuvo marcada por un ambiente festivo y la satisfacción de haber brindado un espacio de acceso libre que, una vez más, demostró la pasión de los caleños y visitantes por la palabra y la cultura. @CrónicasdeMacondo
Otras publicaciones de Fernando Alexis Jiménez en Proclama del Pacífico:




