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Miércoles, 7 de octubre de 2026

Se debe ir más allá de la identidad

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Se debe ir más allá de la identidad

Guido Germán Hurtado

En un reciente artículo titulado “La arbitrariedad de las identidades colectivas”, me referí, grosso modo, sobre el abuso de los reclamos de las llamadas identidades colectivas. Leer aquí https://www.proclamadelpacifico.com/la-arbitrariedad-de-las-identidades-colectivas/

En el artículo de hoy recojo algunas de las ideas allí planteadas y reitero que el abuso de los reclamos de las identidades es uno de los diversos obstáculos de la planeación en Colombia.

Cuando hablo de las identidades me refiero al modo de cómo individuos y grupos se definen a sí mismos apuntalados en factores de identidad personal, identidad de rol, identidad social e identidad colectiva.

En la noche del martes 17 de junio, en el Consejo de ministros, se presentaron las cifras y porcentajes de la ejecución del Presupuesto General de la Nación del 2025.

En palabras de la directora del Departamento Nacional de Planeación DNP, Natalia Molina, estas cifras son el “valor que se registra cuando se ha entregado el bien o servicio y se ha verificado su calidad y representan el reconocimiento formal de un pago pendiente”.

El ministerio más ineficiente en la ejecución presupuestal es el de la Igualdad y Equidad, con un 1,9% de ejecución de pago. El presupuesto del ministerio para el 2025 no se ha publicado oficialmente, pero se parte de la cifra del 2024, que fue de 1,8 billones de pesos (cerca de 439 millones de dólares).

Esa noche al conocer las cifras el presidente Gustavo Petro señaló lo siguiente: “lo que ha sucedido allí …es que no se ejecutó el presupuesto de la Igualdad, y no se ejecutó, en mi opinión, por una concepción parroquial, en vez de tener la visión nacional pluriétnica que ordena la Constitución, nos redujimos a una etnia y a una región de la etnia… Y el resultado es este, 1,9% ejecutado en el ministerio de la Igualdad.” (El subrayado es mío).

Posiblemente el presidente se refería, en parte, a uno de los varios convenios de cooperación firmados en el ministerio de la Igualdad y Equidad. En particular, el del 17 de junio de 2024 (FBS-062) con la Unión Temporal Territorio y Paz, por un valor de 175 mil millones de pesos (cerca de 42 millones de dólares). A la fecha, el convenio afronta dificultades tras la cesación de los desembolsos por supuestos incumplimientos del contratista.

No me cabe la menor duda de que históricamente Colombia es un país excluyente. Y algunas de las causas las enuncié sucintamente en el artículo anterior. Sin embargo, insisto en señalar el abuso de las identidades como un obstáculo en la planeación.

Al mismo tiempo, con este artículo, quiero abrir una discusión pública, serena y argumentada, en particular con Feliciano Valencia, un reconocido líder político y social, quien hace unos meses me escribió expresando que no compartía mi postura y que en el artículo escrito señalaba a la comunidad indígena y que él me hacía responsable de lo que le pudiera pasar a algún miembro de la comunidad. Cosa que no es cierta, porque en ningún momento señalé a etnia alguna ni invité a la violencia. Terminé el artículo así:

“No vaya a ser que tan repetidas acciones de bloqueos, violación a ciertas libertades como la libre locomoción, que conllevan al detrimento económico de muchos otros ciudadanos se no salga de desmadre. Muchos de “los otros” (también ciudadanos) ya no aguantan las arbitrariedades de las “identidades colectivas”.

El problema está en que, por el afán de ser reconocidas, los reclamos de las identidades han conducido a una progresiva división (con visos de corrupción y politiquería) del presupuesto nacional que termina, en últimas, siendo perjudicial para todos los ciudadanos.

Una potencial causa de los abusos puede estar en el movimiento woke, hoy una novedad y alcanzó vínculos políticos a finales de 1970, y que ha conducido a las identidades a extremos anárquicos que imposibilitan la construcción de los propósitos colectivos.

Los problemas de la planeación en Colombia son varios y lo sucedido con el ministerio de la Igualdad y Equidad, da fuerza a mi columna anterior. El discurso de la identidad obstaculiza la planeación y divide, y no solo el presupuesto nacional.

En palabras de Kant, el imperativo categórico es una regla moral absoluta que obliga a todos los seres humanos (indígenas, afros, pobres, ricos, mujeres, hombres, comunidad LGBTIQ+) a actuar de acuerdo con máximas universales.

Por eso me aferro a las palabras de Amartya Sen, “se debe ir más allá de la identidad” y darle vida a una de las máximas universales de la modernidad: la ciudadanía.

Santander de Quilichao,

20 de junio de 2025.


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