¿Será posible?

¿Será posible? / Armonizar democracia y riqueza es la paradoja de nuestro tiempo.
Vivimos en un mundo de riqueza. Según el Foro Económico Mundial celebrado en Davos, Suiza, en el 2024, la riqueza mundial neta se calculó en 418.342 billones de dólares. De los cuales 263.556 billones de dólares están en manos de 8 mil personas. El resto, 154.786 billones de dólares, se reparten entre cerca de los 8 mil millones de habitantes que somos.
Vivimos en una época donde la mayoría de los países han mantenido un sistema de gobierno democrático y participativo. Vivimos en un mundo donde los conceptos de derechos humanos y libertad política son, en parte, el discurso vigente. Vivimos más que antes. La esperanza de vida promedio en el mundo es de 73,4 años. Vivimos en un mundo interconectado. Todos los países del mundo comparten vínculos en el comercio, las comunicaciones, las ideas y la cultura.
Y, a pesar de lo anterior, vivimos en un mundo lleno de pobreza. Señala la ONU que, en el 2024, hay más de 1.100 millones de personas en pobreza extrema, 440 millones viven en países en situación de guerra y 700 millones viven con menos de 2,15 dólares al día (más o menos $9.245).
Vivimos en un mundo de privaciones de las necesidades básicas insatisfechas, de los derechos fundamentales y de autocracia. Un mundo con las grandes hambrunas de África, que falla en la atención a la niñez, las mujeres y los octogenarios. Vivimos en un mundo donde se agravan cada día el medio ambiente y la subsistencia de la vida económica y social.
La superación de estos problemas constituye una parte fundamental del ejercicio del desarrollo. Para resolver los anteriores problemas, la libertad individual es una responsabilidad moral. La ampliación de la libertad es tanto el fin esencial del desarrollo como su medio principal.
Cuando la democracia y la riqueza coinciden se desencadena el potencial humano. Cuando los ciudadanos más pobres de la sociedad logran acceso a la atención de la salud y a la educación es más viable que alcancen su desarrollo humano y favorezcan la economía.
En los países que establecieron gobiernos democráticos la economía creció. Dos ejemplos de países que para muchos no tienen notabilidad. Corea del Sur, después de dos décadas de democratización, obtuvo en el 2023 un PIB de 1.713 millones de dólares. Polonia, que inició una serie de reformas democráticas en la década de 1990, luego del colapso del comunismo, su PIB ascendió a 809.2 miles de millones de dólares en el 2023. Un dato para comparar, el PIB de Colombia en el 2023 fue de 363.5 miles de millones de dólares. Corea del Sur tiene 51.71 millones de habitantes, Polonia 36.69 millones y Colombia 52.32 millones. Así que, un crecimiento del PIB puede ayudar a los gobiernos de turno a reducir la pobreza al aumentar los recursos disponibles para la población.
Alexis de Tocqueville, el filósofo que a principios del siglo XIX escribió el libro “La democracia en América”, observó que la variedad de organizaciones políticas y económicas estaba en la base del éxito de los EE. UU. Hay una relación entre la libertad política y el éxito económico, se combinan para crear una agitación positiva que Tocqueville había vislumbrado hace dos siglos.
Para que la democracia y riqueza sean compatibles es importante incorporar la lógica del desarrollo. Consiste en la eliminación de algunos tipos de libertad que dejan a las personas pocas iniciativas y escasas oportunidades para ejercer su potencial humano.
Las oportunidades para recibir educación, salud, recreación, cultura y deporte de parte del Estado perfeccionan las oportunidades individuales para participar en la economía y en la política y ayudan a fortalecer las iniciativas en la superación de las carencias que sufren las personas.
Entonces si es posible que la democracia y la riqueza vayan de la mano.
PD. Escribo este artículo cuando el presidente Petro le dice al ministro de Educación, Daniel Rojas, que no pasa nada, después que éste no hubiese aprobado su tesis de maestría en Ciencias Económicas que cursa en la Universidad Nacional. Esto dice mucho del gobierno que tenemos. ¡Qué vergüenza! ¡Qué sinvergüenzas!
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