Los retos del ministro de Defensa


Los retos del ministro de Defensa / El nuevo ministro de Defensa, general Pedro Sánchez Suárez, anterior comandante de Operaciones Especiales de las Fuerzas Militares, decidió retirarse como militar activo para asumir el cargo como civil, y así evitar la renuncia de varios generales de rango superior y una crisis en las Fuerzas Armadas, que daba por cierta la oposición política y algunos opinadores en medios de comunicación, quienes no desperdician oportunidad para criticar al gobierno buscando posicionar a sus partidos y candidatos en vísperas de elecciones para el Congreso y la Presidencia de la República.
Con Iván Velásquez en el Ministerio de Defensa, el presidente Petro logró cambios significativos en la política de las Fuerzas Armadas, depurando personal comprometido en actividades ilícitas, en el irrespeto a la población civil y la violación de los derechos humanos; pero por coincidir la mayor parte del tiempo de su gestión con el cese al fuego de la “Paz total”, que en la práctica sólo cumplieron las FFAA del Estado, fue notoria en numerosas regiones del país, como Putumayo, Nariño, Cauca, Chocó, Catatumbo, Arauca, Antioquia, y los departamentos de la Amazonia, la expansión de las diversas guerrillas y paramilitares reciclados en el Clan del Golfo y otras bandas enfrentadas entre ellas por controlar los territorios, carreteras, sus economías legales e ilegales, la población, carnetizándola, sus movimientos y organizaciones comunitarias, también sus líderes, algunos asesinados, y la construcción de vías, colegios y otras obras que no ha hecho el Estado sin presencia institucional en regiones apartadas.
Mientras en la presidencia de Santos la paz con la FARC fue negociada en medio de combates entre guerrillas y fuerzas armadas, el presidente Petro, buscando desmovilizar a todos los grupos armados autoproclamados de izquierda o derecha, -convencido de que su nueva política de “Paz Total” iba a ser aceptada de buena fe, tanto por las guerrillas como por los paramilitares y demás bandas que dedicadas a explotar la economía ilícita prosperan en todas las regiones del país-, nombró varios equipos negociadores para buscar concretar la desmovilización de los diversos grupos armados.
Sin embargo, después de que en la noche del 31 de diciembre de 2022, el presidente Petro hizo el lanzamiento de la llamada “Paz Total”, los grupos armados lo que hicieron fue aprovechar el cese al fuego, que en la práctica solo ejercieron las Fuerzas Armadas del Estado, para extenderse por todas las regiones del país especialmente las más aisladas.
Desde entonces, a pesar de que en el último trecho del gobierno de Santos y en los 4 años del gobierno de Duque, el Estado no había ocupado las regiones donde dominaba la guerrilla, en el departamento del Cauca fuimos testigos de la feroz lucha que, entre las disidencias de las FARC, el Ejército de Liberación Nacional y en menor número de los seguidores de Iván Márquez, se desencadenó en municipios que después del acuerdo de paz de 2016, habían permanecido sin activa presencia guerrillera.
A partir del anuncio del cese al fuego de la “Paz Total”, zonas rurales de poblaciones ubicadas en la Cordillera Central como Toribio, Miranda, Corinto, Santander de Quilichao, Caloto, Caldono, Silvia, Totoró, Puracé Inzá, Belalcázar y de los vecinos departamentos del Huila, Caquetá y Putumayo, además de los ubicados en la Cordillera Occidental: Argelia, El Tambo, Cajibío, Morales, Suarez, Buenos Aires y los 3 municipios de la costa del Pacífico, fueron escenario de feroces enfrentamientos entre guerrillas del ELN, las disidencias de las FARC y en menor escala de los seguidores de Iván Márquez; mientras el Ejército y la Policía permanecían en sus cuarteles, sin poder intervenir en defensa de la población campesina, indígena y de comunidades negras, paralizadas en medio de los combates, a la par que los combatientes usaban sus viviendas y escuelas como parapetos, y los habitantes, escondidos o desplazados, intentaban proteger su vida y la de sus hijos, también amenazados por el reclutamiento forzado.
Al convencerse de que fue engañado por parte de los grupos armados que aprovecharon la parálisis del Ejército para ganar más territorio, y al constatar el crecimiento de la inseguridad en poblaciones apartadas, las principales vías y ciudades del país -sujetas a atentados y frecuentes retenes ilegales aprovechados para el robo de camperos, maquinaria y otros vehículos-, el presidente Petro, preocupado por la suerte de la coalición de gobierno y las elecciones de 2026, decidió jugársela por un ministro de Defensa de origen militar, que pueda intentar controlar el avance de los grupos armados, por lo menos en los 18 meses de gobierno que le restan, y de pronto, obligarlos a negociar, al sentir más garrote que zanahoria.
Con mayor razón si en las elecciones de 2026 el gobierno busca ganar más curules en Cámara y Senado y que lo suceda su candidato del Frente Amplio encabezado por el nuevo partido nucleado alrededor del Pacto Histórico, y que en la actualidad intenta reconfigurar el cuestionado Armando Benedetti, para que continúe con su programa de reformas como la agraria, pensional, a la salud, educativa, laboral, política, a la justicia, electoral, entre otras que no han tenido éxito en su tránsito por el Congreso de la República; especialmente después que transcurrido el primer año del gobierno, el presidente Petro rompió con la coalición lograda con liberales conservadores y el partido de la U, además de la mayoría de integrantes del Partido Verde de las circunscripciones de paz y de los grupos que votaron por el presidente Petro y se aglutinaron alrededor del Pacto Histórico.
Esperemos a ver cómo le va al gobierno con la designación del general Sánchez como sucesor de Iván Velásquez y la renovación de la mayor parte de su gabinete ministerial.
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