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jueves 24 mayo, 2012 a las 9:09 pm


LOS ZAFIOS ANDAN DE FARRA

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

Colombiano

Michín dijo a su mamá:

“Voy a volverme pateta

y al que impedirlo se meta

en el acto morirá”…

Primer cuarteto de “El gato bandido” de Rafael Pombo

Pues, sí. Que un colombiano raso, trabajador, mujer u hombre, se tome unos traguitos o cervezas el fin de semana o cada mes y la pase sabroso con sus amigos o familiares, está muy bien y es casi necesario. La farra, o sea, chancearse, echar chistes, reírse, bailar es saludable, aleja el estrés del cuerpo y estrecha las relaciones. No hay nada de malo en eso. Socialmente es bien visto y aceptable. Mucho más si se guarda la precaución de no manejar carro con alcohol en la sangre y la cabeza.

Esto lo sabemos los colombianos de a pie, el hombre que se gana el mínimo, el trabajador que es pagado por una cooperativa o una bolsa de empleo. O la secretaria de un abogado o cajera de un centro comercial o la señorita que atiende a quien quiere llenar el tanque de su vehículo en la gasolinera.

Tal vez no lo saben mucho los llamados servidores públicos o burócratas. O sea, quienes sirven en alcaldías, concejos municipales, contralorías, tesorerías o catastro y hasta en colegios oficiales. Empleados nombrados por recomendación de un político y que ejecutan labores de rutina sin más preocupación que tomar un tinto cada vez que la señora encargada lo trae. No. Estos no son zafios. No están tan resabiados como para dar espectáculo con pataleta y hacer mofa de la ley.

Son los llamados padres de la patria, aforados, corporados, parlamentarios, honorables y doctores que hacen leyes con agujeros. No todos, por supuesto. No hay que generalizar ni satanizar. Hay excepciones. No honrosas, como se dice por ahí. Porque cumplir con el deber no es para enorgullecerse, ni habrá que agradecerlo. Es simple y llana obligación.

Como lo hizo el gran general, no importa si tenía dos o tres soles. El caso es que ya tiene el sol a su espalda. Muy mal parado quedó con esa larga entrevista que quedó grabada en un noticiero. No sabe qué es norma y que es ley, ni distingue entre delito y contravención. Ni sabe quién cumple el deber y quien pasa por encima de la norma cuando trata de eximir a un legislador o militar que viola lo que firmó. ¿O es que ya se incorporó a una ley que los aforados están eximidos de cumplir la ley o se les olvida que la ley también es general y sol que cubre a todo mortal? ¡Nuestro insigne exgeneral en sus 30 años de tropa no aprendió el abc de lo que es la ley y quien es un buen policía!

En este triste episodio de teatro callejero no sabe uno si es más zafio el general o el majo y joven señor Merlano. Nada tenía de honorable, ni pinta de doctor. Por lo menos eso fue lo que no vieron esos rasos policías, que ni siquiera serán sargentos o intendentes. Pero tienen pantalones y no les tembló la voz para decirle que estaba infringiendo la ley.

Ah, cosas suceden en este país todos los días con este tipo de señores. Renunció el general de larga carrera. Pero el ingenuo Merlano dice que no tiene tiempo de meditar si estaba ebrio o había una ley obvia que manda abstenerse de poner su vida y la de los demás en peligro si se ha ingerido licor. Estamos en el centenario de Pombo, de Michín y de Rin Rin que orondo salió de rumba sin acordarse de la ley.

23-05-12 – 11:56 a.m.

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