De globalización y espías


Como todo animal al acecho de sus presas o vegetales fuentes de alimento, el hombre observa su crecimiento, movimientos y evolución para aprovecharse de ellas en el momento oportuno. Es una especie de espionaje ligado con la supervivencia y es tan viejo como la vida.
En occidente, en la Guerra de Troya, tenemos aplicación pionera de espionaje y astucia para vencer infiltrando al enemigo, cuando los aqueos entraron a la ciudad amurallada, el gigantesco caballo de madera llenó de soldados.
Cuentan que Marco Polo fue enviado a la China, como explorador y espía por los mercaderes y navegantes de Venecia, que entonces eran los dueños de los mares y el comercio del mundo conocido y en la época del descubrimiento de América durante el pontificado del español Alejandro Borgia, los espías y envenenadores tuvieron su apogeo en el Vaticano, para eliminar prelados y nobles enemigos.
En el siglo XX fueron famosas las agencias de seguridad e inteligencia del Estado, en regímenes totalitarios, como la KGB, de la URSS, en la época de la Stalin, la Gestapo de su espejo de derecha, Hitler, la Stasi de Alemania oriental, la Dina, de Pinochet y sus similares de la dictaduras de Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay, entre las décadas del 60 y 80.
En medio de las guerras mundiales se tejieron leyendas de espías famosos, como la “Mata Hari” y Víctor Serge y la Guerra Fría, entre la Unión Soviética, los Estados Unidos y sus aliados como Inglaterra, fue el terreno fértil para espías inspiradores de series como “Misión Imposible” y novelas como las del británico Ian Fleming, llevadas al cine con James Bond, al servicio de Su Majestad.
George Orwell, en la tercera década del siglo XX, conoció el televisor, avizorando el futuro al escribir la novela “1984”, presagiando lo que sucedería con el “Gran Hermano”, controlando desde una pantalla, la vida de todos los ciudadanos del mundo.
Esto se hizo realidad con la comunicación en directo vía satélite, la telefonía celular y masificación de Internet y sus aderezos como las redes sociales, a las que desprevenidamente suministramos nuestros datos personales, que también son aprovechados por las multinacionales, comerciantes, agencias de seguridad del los Estados y hasta por los hábiles ladrones que dominan los secretos de la red. Es el reino de la ciberglobalización.
Con la desaparición de la Unión Soviética, “El tigre de papel del imperialismo yanqui” – tal como llamaban a los Estados Unidos, los radicales del Partido Comunista chino, de la década del 70-, quedaron como amos del mundo y para mantenerse en el curubito, tienen que conocérsele la vida a sus enemigos y amigos y esto es lo que hacen por medio de poderosas agencias de seguridad, como el FBI, la CIA y la Agencia Nacional de Seguridad, que después del 11 de septiembre de 2001, las integró para “luchar contra el terrorismo interno y externo”.
La divulgación de archivos secretos del pentágono en Wikileaks, puso al descubierto el espionaje realizado por los gringos, no sólo a los países considerados como enemigos, o ‘amigos en cuarentena’, como Irán, Irak, Corea del Norte, Cuba, Venezuela, Nicaragua, Rusia, China, Argentina, entre otros; sino también a sus ‘amigos’, incluyendo a Colombia, Brasil y México, en Latinoamérica y Francia y Alemania en Europa, chuzando las conversaciones sobre temas de Estado y privados de sus presidentes, primeros ministros, altos funcionarios, militares y políticos de oposición.
En Colombia, el DAS, llegó a ser utilizado al estilo totalitario, durante el octaenio de Uribe, para hacer seguimientos y chuzar comunicaciones de rivales políticos, dirigentes sindicales, magistrados y periodistas, compartiendo información con los paramilitares que eliminaban a incómodos al régimen, como al humorista Jaime Garzón. Ante el descrédito al que llegó, tuvieron que reemplazarlo por otra agencia de seguridad.
Redes sociales como Google, Yahoo y Facebook, no escapan del rastreo del Gran Hermano del norte, en esta época de vigilancia vía satélite y cámaras ubicuas y de hackers y aviones espías y bombarderos a control remoto, sustituyendo a los comandos especiales, espías y aviones tripulados, en tareas de destruir objetivos claves para las supervivencia de sus rivales comerciales, militares y políticos.
En fin, estamos en las redes del Gran hermano. Lo más similar al Dios que nos enseñaron desde la escuela primaria y que está en todas partes, todo lo ve y todo lo sabe y de ahí no podemos salirnos tan fácil… por lo menos mientras sean amos de la ciencia y tecnología.



