Sobre La montaña mágica


Sobre La montaña mágica

En el relato La montaña mágica, de Thomas Mann, publicado en 1924, al final, Hans Castorp, el protagonista, baja del sanatorio de tuberculosos para alistarse como soldado en la Primera Guerra Mundial. “Corre con los pies pesados por las botas, el fusil en el puño. Ved como pisa la mano de un camarada caído, su bota claveteada hunde esa mano en el suelo pantanoso. Sin embargo, es él.”
Siete años antes, Hans Castorp, un joven de veintitrés años, viaja en tren desde Hamburgo a Davos-Platz, en el cantón de Grisones, en los Alpes suizos, para visitar a su primo Joachim Ziemssen, quien padece tuberculosis y se encuentra en el Sanatorio Internacional Berghof. Pronto, Hans respira el aire de la montaña: “En la lejanía del paisaje apareció una laguna: el agua era gris y los bosques de abetos subían por encima de las riberas y a lo largo de las vertientes, esparciéndose, perdiéndose, no dejando más que una masa rocosa y desnuda cubierta de bruma”. Este entorno es muy diferente al paisaje de la llanura, donde, tras finalizar sus estudios de ingeniería, se disponía a trabajar en los astilleros. Sin embargo, decide tomar un descanso de tres semanas antes de empezar a trabajar en la construcción de los Ocean Steamships. Su primo Joachim, que ha tenido que abandonar la vida militar por razones de salud, espera con optimismo una cura para su enfermedad.
Pronto, Hans descubre un mundo extraño. Los enfermos no parecen dolientes: viven en un ambiente suntuoso y cómodo, donde la vida transcurre sin preocupaciones ni problemas aparentes. Hay personas de toda Europa cuya condición burguesa les ha permitido llegar hasta allí, llevados por motivos que escapan a su control. Tienen los medios para mantenerse en aquel lugar. (Curiosamente, Franz Kafka quiso ir, pero no tenía los recursos para hacerlo).
El sanatorio no parece un hospital; más bien, es como un gran hotel donde la vida de los enfermos transcurre como si la muerte no existiera. Apenas se saludan entre sí. Joachim permanece aislado, contra su voluntad, deseando volver a la llanura para reincorporarse a la vida militar. Hans, quien había pensado regresar a la llanura tras sus tres semanas de descanso, se encuentra con que su salud también empieza a flaquear. El médico del sanatorio le advierte que su estado físico es preocupante, y así, se convierte en un paciente más. Rápidamente, Hans y su primo comienzan a caminar juntos como parte del tratamiento médico.
En sus paseos, conocen a Settembrini, un pedagogo apasionado por el progreso y la técnica, que sostiene que los males de la sociedad se superan mediante la educación. Settembrini es un racionalista que cree que los problemas sociales son consecuencia de la ignorancia. Para él, la libertad y el progreso son las claves para mejorar el mundo.
Hans, Joachim y Settembrini forman un curioso trío de caminantes. Sin embargo, la calma se rompe cuando aparece Clawdia Chauchat, una mujer que evoca en Castorp un recuerdo afectuoso. Más adelante, los primos reconocen junto a Settembrini a Naphta, un extranjero que defiende el anarquismo y el autoritarismo. A medida que las tensiones aumentan, Joachim, en un gesto de rebeldía, desciende a la llanura para reincorporarse a la vida militar.
El tiempo transcurre de manera difusa en el sanatorio. En una ocasión especial, durante la noche de Walpurgis, Hans y Clawdia conversan y se enamoran. Sin embargo, ella parte al día siguiente, y Hans queda a la espera de su regreso. Poco después, Joachim regresa al sanatorio, pero esta vez es para morir.
Con el tiempo, Clawdia vuelve, pero llega acompañada de Peeperkorn, un hombre cuya vitalidad es tan arrolladora que parece eclipsar a todos los demás, incluidas las interminables discusiones entre Naphta y Settembrini. En una conversación, Peeperkorn le dice a Hans que lamenta haberse interpuesto entre él y Clawdia. Poco después, tras una excursión a una cascada, Peeperkorn se suicida.
Hans queda nuevamente solo, refugiado en el recuerdo de Clawdia, mientras escucha composiciones musicales como La siesta del fauno, Carmen y Aida. Sin embargo, la paz en el sanatorio se desvanece cuando los aires del enfrentamiento, el odio y la lucha comienzan a filtrarse desde el mundo exterior. Los pacientes, que antes apenas se saludaban, ahora discuten acaloradamente sobre temas como el antisemitismo y las tensiones entre diferentes nacionalidades.
Incluso Naphta y Settembrini se enfrentan en un duelo que termina de manera desconcertante con el suicidio de Naphta. La atmósfera en el sanatorio se vuelve insoportable. Los enfermos, que antes llevaban una vida tranquila, ahora se ven envueltos en riñas, altercados e incluso sesiones de espiritismo.
Con el estallido de la Primera Guerra Mundial, los pacientes olvidan sus dolencias y descienden a la llanura para tomar partido en la contienda. Settembrini despide a Hans Castorp, quien baja de la montaña para alistarse en el ejército, irónicamente, algo que antes había rechazado con vehemencia. “Esperaba volverte a ver en el trabajo. Y ahora vas a combatir por los tuyos. Dios mío, te ha tocado a ti y no a tu primo, nuestro teniente.”
Hans Castorp, quien se burlaba del deseo de su primo de volver a la vida militar, desciende para enrolarse en el ejército, una ironía cruel que refleja la irracionalidad de la guerra, una disputa motivada por el capitalismo, el nacionalismo y el ansia de poder.



