El Puerto de Ayer
Por: Luís Barrera
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La historia de Puerto Tejada desde el punto de vista económico y social podríamos resumirla en cómo los asentamientos de los hijos de los exesclavos de prósperos campesinos pasaron a ser jornaleros de los ingenios azucareros y hoy varias décadas después, rayan su vida entre la sobrevivencia y la literal indigencia.
Antes de los años 1950, los habitantes de la zona plana nortecaucana eran descendientes afroamericanos campesinos que vivían de cultivos de pan coger y de la floreciente producción y comercialización de cacao.
La tierra se trabajaba combinando cultivos transitorios como el plátano, el maíz, el frijol y la yuca con abundantes frutales y verduras, más los cultivos permanentes como el café y el cacao, del cual fue el mayor productor en América.
Esto empieza a cambiar desde los años 1930 y se agudiza desde finales de los años 1940, en el periodo conocido como La Violencia, particularmente porque en esos años comienza a cambiar la estructura de propiedad de la tierra en la zona.
Mateo Mina (1975), muestra que “si bien hacia 1933 existía una distribución más equitativa de la tierra (parcelas entre 5 y 10 plazas) en 1967, prácticamente todos los campesinos tienen menos de 2 plazas, mientras que un número muy pequeño tenía más de 20”.
Había negros campesinos que tenían más de 50 plazas pero sus hijos se fueron a estudiar en las universidades y otros, simple y llanamente, vendieron sus herencias para engrosar los ejércitos de desocupados que despilfarraban o pasaron a ser trabajadores de los ingenios azucareros de la zona.
Este proceso de pérdida de la tierra se vio acompañado de la paulatina expansión del monocultivo de caña, el acenso de la producción agroindustrial y a gran escala de azúcar desde los años 60, y el declive progresivo de la economía campesina de pan coger, en la zona plana nortecaucana.
Según Michael Taussig, lo anterior trajo como corolario que gran parte de la población oriunda de la zona se viera obligada a trabajar temporalmente en la industria azucarera por el pago de un salario como jornalero y obrero de fábrica, combinándolo con el trabajo en las fincas, las cuales, por lo reducidas que habían quedado, eran insuficientes para la subsistencia familiar.
Esto refleja el paso de una región con una tradición económica campesina y de pancoger, a una región donde predomina una estructura productiva moderna agroindustrial basada en relaciones salariales y capitalistas con orientación exportadora.
A su vez, en los años 70, empezaron a llegar diversos proyectos que bogaban por modernizar la producción agrícola campesina en el país y por tanto, la que persistía precariamente en la zona.
Estos proyectos fueron promovidos por el Estado y diversos organismos norteamericanos, en el sur del Valle y el norte del Cauca e hicieron parte de un plan más grande que se denominó como la revolución verde.
Tal como lo recalcan estudiosos de la región como el exministro de Estado Gustavo de Roux, el actual alcalde de Guachené, Francisco Paz, el médico José Ramón Burgos Mosquera y los profesores universitarios William Mina Aragón y Humberto Cardona Artunduaga, entre otros, la revolución verde en los años 70, buscaba tecnificar la producción agrícola en el país, remplazando las técnicas de cultivo heredadas por la tradición, por formas de cultivo basados en conocimientos profesionalizados como el de la ingeniería agronómica y uso de tecnologías intensivas en capital.
Testigo de la Puerto Tejada de ayer, para la retina de la historia, quedó la antigua plaza de mercado en donde hoy está el parque principal Los Fundadores pero conocido ahora como el “Parque de las iguanas”.
La majestuosa y muy concurrida plaza de mercado funcionó hasta 1970 cuando fue trasladada al complejo de galería, en el gobierno municipal del legendario líder negro y exalcalde Sabas Casarán.
En el Puerto de ayer, por las aguas de los ríos Cauca y El Palo, subían vapores y enormes champanes trayendo y llevando los productos que la creciente población exigía y producía a la vez.
Al fondo (foto) el templo de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción que en el 2014 cumplirá sus 100 años como parroquia y a un lado el centenario samán sembrado desde los albores de la fundación de esta población nortecaucana.
Las implicaciones que estos procesos han tenido en la zona nortecaucana es la de generar desplazamientos de la población y cambios en las formas como la gente resuelve el problema cotidiano de su sostenimiento y reproducción en el tiempo.
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