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Jueves, 1 de octubre de 2026

Los campesinos recuperaron el habla

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German Pabon
Por: Germán Pabón Gómez

Parodiando a Heidegger: “Los campesinos e indígenas de Colombia recuperaron el habla en tiempos de penuria en un acto de fundación, y de ahora en adelante no todo va a ser igual”.

Los campesinos e indígenas de Colombia recuperaron el habla y el lenguaje. Ahora están hablando con el idioma que los cohesiona, caracteriza y moviliza de manera clamorosa, solidaria. Ahora están protestando con el sentimiento flagelado, contra tantos calendarios codiciosos por parte de los mercaderes nacionales y extranjeros de los insumos de producción, y contra los patrones de las pirámides bancarias e intereses usureros.

Ahora los campesinos e indígenas están hablando con el idioma del olvido, contra quienes solo se preocuparon de negociar tratados de libre comercio que solo benefician a los últimos de las cadenas de mercadeo, lo cual indica que la problemática esencial ya no es la tierra ni la lucha por la tierra, sino los desequilibrios en las ganancias que se llevan los otros, y los altísimos costos de los insumos de producción.

Los campesinos e indígenas advirtieron que, ahora no son objetos políticos sino sujetos políticos. En igual manera entendieron que ya no son actores de reparto de segunda ni tercera categoría, sino protagonistas principales con vocería auténtica, sin necesidad de acudir con su racimo de congojas ante los intermediarios de siempre: Los políticos regionales y nacionales del eternizado frente nacional, a quienes desde hace tantos almanaques les depositaron y sembraron semillas de entusiasmos que jamás germinaron y tan solo recogieron cosechas de penurias, desesperanzas, incumplimientos e infortunios.

La crisis del agro colombiano, denunciada en el Paro Nacional Agrario y Campesino, que apoyamos sin actos de violencia contra nadie, es la expresión múltiple del conflicto interno que se padece de manera singular en los diferentes departamentos; conflictos que los intermediarios políticos, esto es, los denominados gestores de la democracia en cuidados intensivos, les dieron de manera ininterrumpida tratamientos secundarios, de tercera mano, irrelevantes, toda vez que las miradas de algunos (no de todos) de los gestores de esta democracia cancerígena tan solo se ocuparon de lo que les genera ganancias individuales, concertadas, dádivas inmediatas, frutos provechosos, valga decir, se ocuparon de la contratación nacional, municipal y departamental plagada de juegos mugrientos entre ellos y los contratistas de ocasión y turno, de la contratación administrativa maloliente, bajo el entendido y sin tapujos de ninguna especie que la corrupción es el oxígeno verdadero y gasolina extra de la democracia traducida al máximo en antidemocracia, a diferencia del conflicto interno del campo y agro colombiano, que no les produce ningunos beneficios.

Los campesinos e indígenas de Colombia recuperaron el habla y el lenguaje de la tierra flagelada que dispuso no seguir silenciosa ni con la garganta estrangulada, y han asimilado que las migajas pasajeras de los bultos de cemento, viajados de arena, balastro, tejas de zinc y de cartón, becas para estudiantes, uniformes deportivos, de los kit escolares, brigadas de salud caritativas y los paliativos que reciben en vísperas de todas las elecciones a corporaciones nacionales, municipales y departamentales, y que todas las promesas que se firman como “acuerdos y buenas intenciones” en la finalidad de preservar el orden público y levantar alguna marcha campesina o indígena, no han dejado de ser ensoñaciones tanto parciales como totales que se quedaron en unas simples firmas de los firmones de turno.

Los campesinos e indígenas de Colombia recuperaron el habla y, ahora, no como Objetos Políticos, sino como Sujetos y Protagonistas Políticos saben que forman parte esencial de la democracia real (mas no de la formal y aparente) y que el Estado Constitucional, social y democrático de derecho se construye con ellos, mas no con los otros, con los que tan solo los han utilizado como objetos políticos, objetos electorales y objetos transitorios.

De otra parte, al gobierno nacional y pregoneros de la “prosperidad democrática” (prosperidad para algunos pocos e infortunio colectivo para tantos) también se le agotó el discurso de señalamientos y se le agotaron las poéticas ideologizadas y criminalizantes amenazadoras y calumniosas de primera mano con las que acostumbran deslegitimar todas las expresiones de inconformidad de los sectores sociales, populares, campesinos e indígenas.

Ahora, el gobierno nacional y pregoneros de la prosperidad democrática (la prosperidad de ellos) ya no tienen idioma ni elementos ni pretextos para etiquetar a los campesinos e indígenas de aliados, cómplices y auxiliadores de las FARC, porque la crisis del campo es del agro, es crisis de producción, es crisis de insumos, es crisis de las cadenas de mercadeo, no es de crímenes de guerra ni de lesa humanidad ni de violencia política, sino de desequilibrios sociales, de infortunios y violencia histórico social y milenaria contra ellos, contra campesinos; manifestaciones que merecen de urgencia, de inmediato, un nuevo Contrato Social fijado en la Constitución y las leyes, no acuerdos como los de la Habana que se gestan a puerta cerrada entre dos interlocutores que no representan a nadie sino a ellos mismos. En esa medida, se requiere de un Nuevo Contrato Social, Constitucional, Abierto, Público y sin Tapujos que se debe cumplir y que quien incumpla: asuma consecuencias.

Ese nuevo contrato social se debe firmar con los protagonistas de la democracia: Los campesinos de Colombia, la clase media, trabajadores, estudiantes, e indistintos sectores sociales en conflictos horizontales, verticales y transversales, regionales y subregionales, con miras a las fases del post-conflicto que se avecina, y a esos propósitos nos unimos y convocamos, en especial, porque nuestro departamento del Cauca debe prepararse con firmeza y voluntad socio-política para asumir el post-conflicto y, ahí queremos estar en ese escenario democrático con nuestro concurso ciudadano hermanado de transparencias, de vocación de servicio, y porque entre todos los caucanos, sectores políticos y movimientos sociales de manera dialogada y consensuada: ¡Le podemos a jugar limpio al Cauca!.

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