SATIRICÓN


SATIRICÓN
Usos y costumbres en la Roma de Nerón.
Satiricón (h. el 60 d. C.) es una de las dos novelas latinas de la antigüedad, la otra es Asno de
oro, de Apuleyo. Su autor es Petronio, cuyas fechas de nacimiento y muerte son imprecisas
(14/27 a 65/66 d. C.). Fue uno de los favoritos del emperador Nerón y también otro de los que
cayeron en desgracia acusados de conspiración. Anticipándose a un suplicio más atroz, decidió
abrirse las venas para morir desangrado.
La novela Satiricón, como su nombre indica, es una sátira en clave de los excesos y vicios en
el reinado de Nerón. Esa intención la convierte en un vigoroso cuadro de costumbres, pero
también en un monumento de realismo literario; amén de antecedente de la novela moderna, en
razón de la diversidad de asuntos que arropa. En su estructura, la obra está narrada en primera
persona; y su lectura va develando un tejido de historia, verso serio y en parodia, caricatura,
crítica literaria y un variopinto coloquialismo del universo popular.
En la compleja red de personajes, hay tres que conducen las escabrosas aventuras de laxitud
moral: Encolpio, el narrador, su amigo Ascilto y un ‘muchacho’, Gitón. En la espina dorsal del
discurso novelesco son relevantes tres situaciones: el cuento de la matrona de Éfeso, los versos
referidos a la guerra civil (en el libro se alternan prosa y verso) y la cena de Trimalción. En ésta
está completo el menú de la Roma de Nerón, “hundida en el fango y que se revuelca en este
sopor”. En lenguaje alegórico, el autor, en la piel del narrador, anticipa el baño de sangre, que al
final también lo cubre: “un cometa con su compañía de nuevas estrellas va propagando incendios,
y de pronto Júpiter baja del cielo en lluvia de sangre”.
Uno de los recursos de estilo más celebrados en Don Quijote es el uso de refranes, casi
siempre en boca de Sancho Panza, paradigma de tradición y oralidad popular. En efecto,
Satiricón bien puede fungir de referente de la novela de Cervantes y del mismo Lazarillo de
Tormes. Aporta mediante ese recurso argumentos para decir, por ejemplo, que a la Judea del
viejo y el nuevo testamentos los soldados y funcionarios del imperio trasvasaron, a través del
lenguaje, usos y costumbres de Roma. Para ejercicio mental y cultural de los lectores, me permito
terminar la reseña con analogías, a fin de ver esas relaciones entre las dos culturas.
Un puente entre contextos, de tipo religioso y de expresiones profanas como horóscopos,
presagios, oráculos, sueños…; puente tensado en esta selección de frases del Satiricón, para
relacionar o extrapolar:
“… una moda nunca antes oída, unos muchachos trajeron óleo perfumado en una jofaina de
plata y ungieron los pies de los que estaban en la mesa…”
“…ya que sabemos que nos tenemos que morir, ¿por qué no vivir?”
“Cuando estaba diciendo esto, cantó un gallo. Desconcertado con el presagio…”
“–Nadie está libre de pecados. Somos hombres, no dioses”.
“…el gobernador de la provincia mandó que fueran crucificados unos ladrones (…) la noche
siguiente, cuando el soldado que hacía guardia ante las cruces a fin de que nadie robase los
cuerpos para darles sepultura, observó la luz que brillaba de una manera especial en medio de los
sepulcros…”
Y este último, que evoca la sutileza poética del texto evangélico: “Ves los piojos en los otros y
no ves las garrapatas en ti mismo”.
En cuanto a dichos y refranes, Anatole France expresa un juicio para aprehender en dimensión
justa el significado de esas espléndidas frases: «La verdadera historia es la de las máximas y las
opiniones, más que las de las guerras y tratados». Estos son algunos de la novela:
“El día no es nada. Te das una vuelta y ya es de noche”.
“Lejos tiene que escapar quien escapa de los suyos”.
“Nunca obrará cuerdo quien se fía a la ligera”.
“…tienes una moneda, vales una moneda; tanto tienes, tanto vales”.
“…no vale ni lo que mea”.
“No conviene confiar tanto en los planes, porque el azar tiene sus propias razones”.
“El amor al arte no hizo nunca rico a nadie”.
“Nada hay tan dificultoso que la insistencia no logre superar”.
“…No debo un céntimo a nadie; nunca recibí una citación judicial; nadie me dijo en público:
‘Devuélveme lo que me debes’”.
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