Este 28 de abril se cumple una década del homicidio de Guillermo Bravo. En su silla, frente a su computador, lo alcanzaron tres impactos de bala que estaban anunciados. El periodista, que tenía incluso en la cárcel a políticos corruptos de Neiva, adelantaba un reportaje sobre desfalcos en la venta de la Licorera del Huila. Lo llamaron. Le advirtieron. Un sicario arrepentido le confesó que él mismo era el encargado de darle muerte pero que mejor se fuera y rapidito. Guillermo denunció, pidió protección y, 53 días después de la amenaza, llegó la muerte.
El Centro de Memoria Histórica rinde un homenaje a Guillermo Bravo. Su caso es uno de los que aborda la investigación «Periodistas, medios de comunicación y conflicto interno 1975 – 2012», que adelanta el CMH desde su dirección de Construcción de la Verdad.