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Lunes, 5 de octubre de 2026
domingo 2 septiembre, 2018 a las 7:54 pm

LA MÚSICA -III-

LA MÚSICA -III-
LA MÚSICA -III-
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

LA MÚSICA -III-

LA MÚSICA -III-
Imagen: https://bit.ly/2N8Zuk2

La música no solo vive entre los pentagramas o en los conciertos entre flautas, timbales, tambores, cornos o violines. También se encuentra en la sociedad, entre quienes componen una familia o un colegio o un matrimonio. O, en entre quienes los domingos se reúnen en la plaza de mercado por conversar y saludarse mientras compran y serpentean entre bultos y toldas frente al templo del pueblo o en la galería del barrio.

La voz de la vendedora o del revendedor, de los vecinos y desconocidos, los sonidos de los buses que llegan y recogen pasajeros, la algarabía de los niños que corren por entre los espacios de una venta y otra, entre costales y montones de papa, yuca, plátano, fríjol y arveja ya desgranados. Esas voces y esa algarabía es una música que hace del domingo un día con sonidos armoniosos sin guitarras ni tiples, bandolas ni maracas.    

Es la música del habla, de quien se encuentra con las caras amigas que no tienen otra oportunidad sino en esos momentos de compras para la comida fresca de la semana. Son las voces y risas que no escuchamos a diario por TV ni en la radio. Fuera del diálogo personal tan cálido entre conocidos de hace tiempo, ese ambiente del mercado suena distinto a los diálogos o cuchicheos que alguien puede tener en una oficina, en el trabajo diario. Es música que sale espontánea en el saludo, con abrazo o apretón de mano y beso.

En esos encuentros la calidez brota sincera, fresca como una naranja recién bajada del árbol o entra a la garganta y se siente al clima como un vaso de guarrús o de limonada o de mazato. Esos roces de piel, de vestidos, esa sonrisa convertida a veces en carcajada, es una música que no está escrita en partituras ni se da en clase en un Conservatorio ni se oye en una fiesta con orquesta o se pone en tocadiscos.

El sonido del apunte pícaro de la abuela, la retahíla aprendida de hace muchos años con que ofrecen las marchantas desde los toldos o el pequeño discurso sobre las bondades de tal papa o la frescura o procedencia de las papas güatas o criolla, son características y uno no iría al mercado si no hubiera esa música que sale de entre la mercadería, los canastos y los bultos recostados sobre el suelo.    

Todavía se encuentran estos lugares musicales en nuestros pueblos frente a la iglesia o en las galerías que no han perdido este estilo campesino y vernáculo. Son conciertos que no necesitan libreto y donde no hay director. No se pagan boletas ni se va de etiqueta. Uno puede ir en chancletas o en ropa ligera.

Usted puede ir, asistir el próximo domingo a Choachí o Pacho, a Santander de Quilichao, al Queremal o Candelaria y gozarse un recital de bultos, saludos, ofertas de frutas, de comidas de olla. Le sonará a pueblo viejo y a años de niño.

28-08-18                                               5:45 p.m.

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Otras publicaciones de este autor en: http://www.proclamadelpacifico.com/tema/noticias-proclama-del-cauca/opinion/leopoldo-de-quevedo-y-monroy/