EL PESO DEL CAUDILLISMO


EL PESO DEL CAUDILLISMO

En nuestra vida republicana, cinco guerras civiles nos degradaron a un abismo insondable en el rango más bajo de corrupción y violencia. La crisis institucional del Siglo XXI agudizada por el terrorismo y el narcotráfico, dio lugar al surgimiento de un caudillo moderno, regentado por el signo cáncer, cautivado del poder, dispuesto a todo, incluso a morir por mantener su imperio.
“Pseudo estadista genial”, autoritario, audaz e inteligente, embestido de poderes mágicos, hombre providencial con un magnetismo sobrenatural, hábil en el uso de falacias para oponerse a todo lo que no tenga el sello de su autoridad. Es el caudillo más reconocido y polémico que ha tenido Colombia y poseedor de una millonaria fortuna al igual que su familia y sus hijos.
Con agudeza maquiavélica desnaturalizó los partidos políticos y se adueñó del Estado. Le gusta trabajar, trabajar y trabajar, agudo para conquistar la confianza de sus seguidores, los incita al guerrerismo y a oponerse al perdón con impunidad, los hace sentirse ofendidos por causa de la paz. Experto en controlar medios de comunicación, obnubila al pueblo y lo despoja de su sagrado derecho a pensar, lo trata como un rebaño inconsciente y amorfo, lo sugestiona y lo llena de miedos e hipnotiza con palabras fantásticas. Su imagen paternal le genera confianza al elector bajo el encanto de emociones y compulsiones que les clausura el cerebro racional y la conciencia colectiva. Su potestad lo hace intocable, es un líder con idoneidad político para crear partidos con vocación de poder: Cambio Radical, la Unidad Nacional (“U”) y Centro Democrático.
Su padre fue asesinado por las FARC, evento que le reafirmó su decisión de acabarlas. Fortaleció a las Fuerzas Militares con su política de Seguridad Democrática; gracias a las purgas en la alta cúpula militar, la millonaria inversión para la guerra y los duros golpes a la infraestructura económica y militar de las FARC, logra posicionar generales amigos para liderar con autoridad la fuerza pública.
Al fracasar el referéndum revocatorio del Congreso, con dadivas y favores presidenciales, controló al Legislativo y manipuló el poder Jurisdiccional, manejó a su antojo el órgano electoral y los organismos de Control. Aprovechó la fuerza del presidencialismo para reformar a su amaño la Constitución Política y trató de coactar las Altas Cortes para hacerse reelegir indefinidamente.
En lista cerrada hizo elegir a senadores sin capacidad electoral y en las elecciones del 2018, su partido se convirtió en el de mayor representación en el Congreso. Tiene espuela para consolidar mayorías e imponer sus criterios, amigo de sus amigos e implacable perseguidor de sus detractores; sabe escoger los enemigos para justificar sus guerras. Usó el DAS para espiar magistrados, periodistas y opositores, tiene a su disposición una gran red digital, informática y de telecomunicaciones para manipular la conciencia social, convirtiendo a la opinión pública en una sociedad cautiva, robótica y teledirigida.
Tiene agencias especializadas en fabricar encuestas de opinión, disimula su sagacidad con arrobas de sabiduría y erudición, utiliza aduladores y escuderos que lo justifican y la suficiente credibilidad para polarizar la sociedad. Sabe conformar sectas seculares y autómatas que lo siguen y obedecen deslumbrados por las pocas migajas que sus iluminados les dejan caer desde la mesa de sus orgias imperiales.
Como presidente desprestigió a la izquierda democrática, debilitó al partido Liberal y acabó con el partido Conservador. Impuso al actual presidente de la República, cuando lo traicionó, creó un nuevo partido, el más organizado y mayoritario del país. En la campaña reeleccionista ganó su candidato en la primera vuelta y sólo pudo ser vencido por la coalición lograda al devolver la Alcaldía de Bogotá al destituido mandatario y entregarle el Sena y el Ministerio de Trabajo a la Izquierda Democrática y como muestra de su influencia lideró con éxito el No, en el Plebiscito por la Paz. Es el único expresidente con poderosa estructura política para perpetuarse en el poder, agente detonador del miedo y la desesperanza.
Su alter-ego, el actual candidato a la Presidencia, muestra experiencia tinturándose el cabello, tiene buen discurso, aprovecha la sombra de su mentor para detonar el miedo al castro-chavismo, en los debates atacan la corrupción y defienden con vehemencia a copartidarios condenados por corruptos con el argumento de que son perseguidos políticos.
Para romper su hegemonía de caudillo imbatible, corresponde a los nuevos actores sociales abrir con audacia la puerta hacia un futuro amplio y generoso, donde todos ganemos con un proyecto político de integración nacional, que permita desmontar esa odiosa polarización entre izquierda y derecha, rompiendo jerarquías sociales resentidas, desconfiadas entre sí, odiándose y repeliéndose como si no fueran hijos de una misma patria.
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Otras publicaciones de Álvaro Jesús Urbano Rojas: http://www.proclamadelpacifico.com/tema/noticias-proclama-del-cauca/opinion/alvaro-jesus-urbano-rojas/



