ARMADA TERCA


Hace dos años, en marzo del 2015, un grupo de oficiales de la Infantería de Marina fue sancionado y destituido cuando se conoció el video de como abusaban de un grupo de reclutas en unos entrenamientos en Coveñas. El domingo anterior, el Canal RCN presentó otro video de cómo torturan a un infante de marina en el Caquetá por haber cometido alguna falta disciplinaria. El espectáculo es grotesco, desdice de la Armada y, según testimonio del afectado, fue el colofón del castigo que la noche anterior le habían propinado dejándolo amarrado a un palo para que no pudiera dormir.

Las declaraciones que para responder a esta repetida actuación de la Infantería de Marina de la Armada ha dado su comandante, suenan a las mismas que dieron los presidentes de las Cortes ante la avalancha de denuncias de inmoralidad que parecen haber rodeado algunos de sus fallos. Minimizan el asunto con respuestas de monja vicentina hallada en pecado. Pero no hace memoria ni de la condena de los episodios del 2015, ni de muchos otros mas que se han ido filtrando.
Pensar que la Armada es una institución sádica, no es exagerar después de ver los videos del 2015 y el de ahora. Pero tampoco resulta deshilvanado creer que así como en la Policía se repiten las actuaciones contra los prisioneros haciéndoles desnudar para fotografiarlos o filmarlos, en la Armada, tercamente, vuelven a lo mismo porque los correctivos de la institución no los pueden desligar de los castigos físicos.
La solución no es sancionar o destituir a los torturadores. Es lavarles el cerebro a los marinos de Colombia, desde el almirante comandante supremo hasta el recluta.
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