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Domingo, 4 de octubre de 2026
viernes 10 abril, 2009 a las 1:28 pm

El Misterio de la Cruz

Por: Sebastián Barrera S.

La vida de los cristianos está bajo el signo de la Cruz que no es más que el misterio de la sabiduría y del amor de Dios.

La Cruz es un Misterio porque brota de lo profundo de Dios y nos introduce de nuevo en lo más íntimo de su ser; todo Misterio cristiano es una revelación divina que nos descubre al Dios oculto.

Dios es aquél que se esconde en el Misterio. Cuando se revela, aparece algo que el hombre no espera, humanamente absurdo, algo que parece locura. ¡Quién hubiera pensado jamás que Dios se había de manifestar en la Cruz!

¿Puede un criminal que ha sido expulsado y crucificado por los hombres ser la mayor revelación de Dios? ¿Puede manifestarnos a Dios la muerte, el dolor y la indigencia? ¡Sí! Porque ahí se revela en toda su profundidad y plenitud como Misericordia, como Amor eterno a los pecadores. Pero al mismo tiempo nos revela qué horrible es el alejamiento de Dios y el pecado, cuando por su causa muere Cristo en la Cruz.

Hacía falta un acto de amor tan ilimitado e increíble para que se rompiera el hielo del odio a Dios. Pero al mismo tiempo había que desenmascarar el pecado en toda su malicia. Cuando estuvo suspendido de la Cruz, todo el mundo tuvo que reconocer la gravedad del pecado; mas también todos debieron admitir cómo ama Dios.

Por eso Seguir a Jesucristo, es entrar en el misterio de la Cruz gloriosa. Si entras con la suficiente profundidad en el misterio de la persona de Jesús, comprenderás que ha venido a liberarte recreándote a imagen de Dios.

Jesús nos salva por amor y por tanto por la humillación y obediencia al Padre. Jesús nos engendra a la vida filial en el misterio de su Cruz gloriosa.

Cuando Cristo nos invita a seguirle y a llevar su Cruz, nos propone que vaciemos del sueño de nuestra vida para entregarnos realmente a él. No entregamos nuestra vida a una causa, un sistema o una ideología sino a una Persona: «… a causa de mi», dirá Jesús.

Pero no basta el aceptar verbalmente el seguimiento de Cristo: el misterio de la Cruz hay que vivirlo en toda su existencia de hombre por una asimilación cada día más verdadera al Señor Jesús.

Ahí es donde se plantea el don real de ti mismo para el servicio del Reino. El misterio de la Cruz que tanto asusta al hombre moderno, celoso de cierta plenitud, sólo puede ser comprendido en el amor, si no la Cruz está plantada en el absurdo y se convierte en un falso escándalo.

Para entregarte, es preciso que te niegues a ti mismo, y para que te niegues es preciso que existas. No puedes cimentar la abnegación sobre la nada de tu naturaleza humana. Sólo el que abandona y entrega las cosas y los seres a los que ama puede adueñarse de ellos en una relación gratuita de amor.

Por ello, la esperanza de María al pie de la Cruz encierra una luz más fuerte que la oscuridad que reina en muchos corazones: ante el sacrificio redentor, nace en María la esperanza de la Iglesia y de la humanidad…

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