«CANALIZACIONES»



«Canalización», un término corriente en el argot de la «nueva era».
Impresiona cada día más el número de «canalizadores» o médiums que, a través de la bruma de su propia subconsciencia, reciben «mensajes espirituales» que, aunque estimulantes y llenos de «buena nueva», no son más que el trasfondo de su propia psiquis en estado alterado de conciencia. Porque quien conoce bien su propio ser, sabe y discierne que los límites y expansiones de éste no son más que los de la propia Conciencia; ya que lo que no cabe dentro de los espacios de esta Conciencia, la única que hay, sencillamente no es algo cognoscible, porque entonces no es materia de conciencia o conocimiento. De tal forma, toda «hiperdimensionalidad», toda «otredad» o supraconciencia o «supermente» (término muy utilizado por Aurobindo, un reconocido maestro hindú) no son más que confines por iluminar en el propio terreno de la Conciencia, piso donde está toda realidad. Sin embargo, inmensa audiencia ingenua, adepta a este tipo de manifestaciones psíquicas, se arrodilla espectacularmente ante estas más que dudosas «profecías»; por una parte, porque así creen destellar y entender los lados desconocidos de la realidad, y por otra, porque se sienten discípulos de grandes maestros, que la «nueva era» ha inventado en el tapete de las nuevas mitologías. Así, «Saint Germain», «Lanto», «Jeshua» (Jesús), «Kuthumi», «Morya», «Dwhal Khul», «La Señora Nada», Kryon y demás fantasías de ángeles, arcángeles, y seres de otros mundos dimensionales, algunos rayando en la ridiculez, se apoderaron de la masa de incontables adoradores de lo extraño, devotos de lo que no entienden ni disciernen, y los cielos de la imaginación están plagados con toda suerte de templos para el desvelo «astral», enseñanzas «esotéricas» de dudosa procedencia, «Shamballas» para la resonancia de búsquedas «metafísicas», doctrinas que tienen alelados a quienes esperan de lo «otro» los oráculos de lo desconocido, abiertos y en mano, para así sentirse los seguros elegidos del Reino que está tras los infinitos velos del misterio.
Mejor dicho, la subconsciencia del médium haciendo de las suyas, e inmensa audiencia adorándola como si fuera oráculo divino.
«Vendrán muchos en mi nombre, y harán prodigios, pero no les creáis, porque no son más que lobos con piel de cordero», dijo Aquél ante quien todos se inclinan como maestro auténtico de la Verdad. Y de aquellos, «su nombre es Legión».
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