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domingo 7 febrero, 2016 a las 6:49 pm

TANGO HOY Y AYER EN EL ARRABAL

tANGO
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Por Leopoldo de Quevedo y Monroy / Loco-mbiano
tANGO
http://www.taringa.net/posts/offtopic/7323841/Las-tardecitas-de-Bs-As-tienen-ese-que-se-yo-viste.html

La fuerza del tango la sentí de chico de 10 años, de boca de un muchacho de ciudad, amigo de igual edad. Feliz cantaba Alfonso Alfonso, sin saber que me estaba inoculando el sabor más hondo de la tristeza a través de una música porteña y arrabalera.

Muchos años más tarde llegaría a tierras donde el tango florece y se reproduce como una especie nacional. Porque el tango no es solo el eco de las calles de Caminito, del Abasto o del arrabal junto a Puerto Madero en Buenos Aires o en la Plaza de Mercado del puerto en Montevideo. No. Del tango es dueño cada corazón, cada pecho que sufre, que ríe, que sueña, cada loco que persigue un amor ya ido o porque se le murió su caballo viejo y bayo que lloraba largando unos lagrimones.

Para cantar el tango hace falta tener garganta gruesa, acento grave y respirar muy hondo. Tendrá que saber alargar y sostener la frase final y remedar al viento y el sollozo de quien sufre por la mujer perdida. Hace falta seguir el paso del bandoneón, abrir y apretar los pliegues del corazón y buscar con la vista lo que ya nunca será.

¿Por qué el tango es así, un eterno reclamo, una multitud de adioses, una repetición de ilusiones perdidas, de obsesiones y fantasmas que vienen y se esconden tras la esquina? ¿Por qué hombres y mujeres expresan los sobresaltos y desdenes, las tristezas y despedidas como si cada noche sucediera la tragedia y la estuviera presenciando y retratando? Gardel, Por una cabeza, Libertad Lamarque, Madreselva, Armando Moreno, Mi caballo bayo, o Adriana Varela con Malena, Muchacho o Milonga del pelo largo.

Siií, el tango entra al cuerpo como llega la mariposa al jardín o viene al centro de la flor el colibrí. Importa mucho que venga colgado de una voz curtida y enronquecida o llena de frío. Nos pone en trance, nos llena del almizcle de los recuerdos de infancia, de la dulzura amarga de la saudade y nos aleja del ruido para irse con nosotros a donde van los niños con sus cometas y la novia con su pebete por el puente y su perfume.

No hay como la música de los tangos para saber a qué lugar va uno a llegar. A la fonda, al pie del río, a sentarse  cerca de la ventana o sobre la hierba a conversar. El bandoneón atrapa, el contrabajo remata y el piano con su repicar despierta si alguien intenta dormir. Con ellos se canta, se baila, se deleita mirando resbalar por la pista a la pareja y se desliza la bebida sin que pasen apenas las horas.

Cuando yo pienso en el tango traigo a mi mente a Carlitos Gardel, a Buenos Aires, a Evocación en Cali con Dago, a Goyeneche y su Loco, a Medellín, a Manizales y me sumerjo soñando que oigo Mi Buenos Aires querido caminando con mi pebeta ya grande por sus calles. 

06-02-16                         12:25 p.m.

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