LA BAJA DEL RÍO MAGDALENA Y LA SEQUÍA


Loco-mbiano

Contrastan los lamentos de la prensa sobre el desértico estado del Río Magdalena en la parte norte del país y las dulces recomendaciones del Presidente Santos para que los colombianos ahorremos el agua en estos días de sequía por el fenómeno del Niño.
Contrastan, digo, pues las licencias para las concesiones forestales y los consorcios extranjeros para explorar yacimientos de hidrocarburos y minería siguen muy en pie. Para eso no hay límites. Pueden gastar toda el agua posible, taladrar con peligro de contaminar fuentes hídricas subterráneas y desviar ríos. Sin hablar del desplazamiento de poblaciones enteras de habitantes raizales de estos sitios para aumentar el posconflicto.
Nos quejamos ahora todos los colombianos y, el Ideam coincide, en que el calor en todo el territorio ha subido de dos a cuatro grados. Puede ser un consuelo saber que todo el planeta se está recalentando por los gases y el consumo y producción de aerosoles. Puede ser un consuelo saber que aún a Colombia se le considera el país con mayor diversidad de especies en flora y fauna y fuentes hídricas.
Pero duele más que otros países estén más preocupados en salvaguardar nuestras riquezas ambientales que nuestras propias Agencias, Superintendencias y Ministerios. Ya hay países interesados en ayudar con grandes sumas a Colombia, como Noruega, si no se deforesta y si se protegen los humedales, páramos, nevados, selvas amazónicas y Parques Naturales. Nos tratan como a niños malcriados que están malbaratando sus juguetes, no importa el valor que ellos tengan. Debiera darnos vergüenza que ellos comprendan el problema global y nuestro y nosotros andemos rega-lando a cambio de rega-lías nuestros recursos más preciados.
¿Qué coherencia hay, en efecto, entre permitir que nuestro río madre se represe en varios lugares, nuestro territorio se allane y quede sin millares de hectáreas sin árboles en el Huila, se siembren alevinos en aguas contaminadas por la madera que no se recogió aún y está pudriendo el agua y las especies piscícolas río arriba? El Quimbo se ha convertido en piedra de toque y cortina de humo para tapar la realidad del país en materia del uso y conservación de nuestros recursos naturales y la venta de ellos a cuanto extranjero se aparece.
La nueva forma de colonización está que arde en Colombia. Y la ciudadanía mira estupefacta y callada esta situación. Parece que no nos importara el porvenir de hijos, nietos y de nuestras riquezas naturales que otros han llamado reserva de la Humanidad.
Siguen las ofertas a la inversión extranjera, siguen pululando los camiones con la carga de árboles muertos por las carreteras y no hay exigencia a quienes causan tanto daño en las excavaciones para explotar los minerales del subsuelo. Quedan solo como pruebas los documentales de Mauricio Gómez en CMI y sus libros. Pero no hay plata para aumentar decentemente los salarios. Ah, eso sí, para aumentar las dietas de los congresistas sí hay, y mucha. Así es que funciona este gobierno de las locomotoras de la prosperidad y de la equidad. Y las casas regaladas, para que todo el mundo cierre la boca.



