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Miércoles, 7 de octubre de 2026
sábado 19 diciembre, 2015 a las 10:38 am

Conversatorio (I)

Jorge Muñoz Fernández
Jorge Muñoz Fernández
MATEO MALAHORA / [email protected]

“… hay que aceptar que sí es posible negociar criterios de convivencia,
pensar en colectivo y admitir, en ciertos momentos históricos,
la importancia de lo público y la necesidad de agenciar
el advenimiento de lo colectivo cuando el caos es inminente”.

Ayer en el Café Ricoleta estuvimos conversando una buena y pacífica taza de café con dos amigos en torno a los acuerdos de La Habana.

El tema suscitó discusión y la situación se tornó explosiva cuando llegó el hidalgo Rafael Albán, a quien invitamos a participar en el cónclave y discreta, pero con afabilidad, colocó este petardo: “… uno puede ser obcecado pero no testarudo, la dialéctica debe servir para regular el pensamiento y producir síntesis renovadoras”.

Nuestros contertulios, a partir de ese momento, continuaron disparando, con más ahínco, una pesada carga de artillería política sobre el proceso de paz.

Confieso, con todo respeto, que son personas ilustradas, de mi mayor estimación y aprecio, que si bien es cierto tienen especial interés sobre el futuro del país, andan buscando el arco iris de Popayán, el Cauca, Colombia y el mundo bajo tierra.

Acudimos, sin éxito, a recordar el optimismo de Albert Einstein, Charles Chaplin y Mark Twain cuando abordaban los conflictos de la guerra y en respuesta optaron por invocarnos a Voltaire: “El optimismo es la locura de insistir en que todo está bien cuando somos desgraciados”.

Frase va y frase viene, como en un ping pong controversial agudo. Su pretensión de hacernos ver el derrumbe de la paz, insistiendo que todas las bases fundantes, estatutos y protocolos racionales y humanistas de nuestra sociedad habían quedado en La Habana por el suelo, estuvo a punto de provocar una ruptura total, no muy halagadora en épocas decembrinas.

Tampoco fue de buen recibo sostener que hay que aceptar que si es posible negociar criterios de convivencia, pensar en colectivo y admitir, en ciertos momentos históricos, la importancia de lo público y la necesidad de agenciar el advenimiento de lo colectivo cuando el caos es inminente.

Sin embargo, cuando las discrepancias se tornaban antagónicas e incompatibles, con características de contienda payanés, con rostros que adivinaban epítetos procaces, acudimos a las tesis mediadoras sostenidas en los programas de la Unesco por el profesor español de Antropología Social e Investigador del Instituto de la Paz y los Conflictos de la Universidad de Granada, Francisco Jiménez, quien ha planteado La Revolución de la Paz Neutra, tema que quedó pendiente y causó sumo interés.

No obstante, pese a la aguda divergencia conceptual, que incitaba a clausurar abruptamente la controversia, logramos aceptar que sí es posible negociar criterios de convivencia, pensar en colectivo y admitir, en ciertas coyunturas políticas, la importancia de privilegiar lo público y la necesidad de agenciar el advenimiento de lo colectivo cuando el caos es inminente.

Sin embargo, como las discrepancias volvieron a surgir y se asomaron, de parte y parte, frases hirientes y sarcásticas, para evitar que la tertulia cayera emboscada en un campo de trompadas intelectuales, pusimos sobre la mesa una frase del eminente escritor y periodista norteamericano Mark Twain, que nos permitió levantarnos pacíficamente y sin víctimas ideológicas, por ahora, acordando un nuevo y ampliado encuentro en el Café Valdés: “He tenido un montón de preocupaciones en mi vida, la mayoría de las cuales nunca ocurrieron”. Hasta pronto.

Tiempos de y para la Paz. Pacífico abrazo 2016.

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