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Jueves, 1 de octubre de 2026

400 ANIVERSARIO DE CERVANTES Y DE SHAKESPEARE

400 CENTENARIO DE CERVANTES Y DE SHAKESPEARE

Bulevar de los días - Leopoldo de Quevedo y Monroy

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy.
Loco-mbiano.

400 CENTENARIO DE CERVANTES Y DE SHAKESPEARE
http://www.theguardian.com/commentisfree/2015/mar/20/madrid-cervantes-remains-why-bother

Hablar de lo que ha pasado después de la existencia de dos monstruos de la literatura es como repetir un poco la aparición de la luz en aquellos nebulosos días de la creación del mundo. Estos dos hombres han significado para el apoyo de la imaginación, la belleza del idioma y la pureza del mismo la puesta del dedo en la tecla de un mecanismo que no acaba de hacer ignición.

Con ellos acaba un período de oscuridad y empiezan mundos de palabras con nuevos bordes, sonidos, adquisición de coloridos de las cosas, multitud de imágenes que hasta entonces no aparecían. Como si la realidad hubiera cambiado de cara, como si sombras blancas emergieran de pronto entre la polvareda del camino diario.

Para el hablante de los herederos del Cid, el nuevo caballero y sus andanzas, el diálogo de los personajes pueblerinos, de la variedad de féminas de distinto oficio que producen expresiones tan finas y castizas que se maravilla hasta el más culto y erudito.

No sabe uno, cuando lee a Cervantes, si admirar más el hilo de cada historia, o disfrutar del  gracejo que aparece sin esfuerzo o si pasmarse ante la sabiduría que brota de los discursos de Sancho o de cualquiera de los personajes.

Y cuando uno entra a las salas de las cortes o los escenarios en que discurren los hechos del teatro del agudo Shakespeare se abren compuertas de tempestades, ocurren los más apasionantes diálogos de amor, intriga o traición. Su inspiración se eleva a latitudes a donde el corazón humano nunca pensó llegar y oyen acordes de música suavísima o se desgajan montañas que arrasan las entrañas del más fuerte.

Para la literatura castellana la influencia del nada manco de Lepanto todavía está esperando frutos. Nos empalagamos leyendo fruslerías, novelones ásperos, escritos que más parecen historias aburridas para llenar páginas y emular a Joyce. Nunca pasará de moda la prosa fácil, la palabra nueva y casta, el lenguaje risueño, la construcción acorde con la condición de cada personaje. No hay pasajes escabrosos, ni palabras mal usadas, a pesar de que el idioma apenas se estaba formando. Cabalmente, él lo estaba modelando como Fidias tallaba sus aristas.

La grandiosidad, el paso elegante, el garbo, la solemnidad, la agudeza de pensamiento, la novedad para incrustar una joya donde nadie la espera, el ritmo acelerado hasta alcanzar la cima cuando el humano se podría asfixiar de tanta altura. Este es Shakespeare, el del golpe maestro y la cortada que apenas hiende hasta una muerte tramada.

Dos monstruos al tiempo nos dio el mundo cuando nació el Renacimiento. Nacieron dos ríos impetuosos que aún siguen hinchando las venas. Que aún guardan en su lecho espumas, rizos, ondas y corrientes profundas que no han sufrido por el recalentamiento ni el abuso de la apariencia y el lucro personal y el de los editores.

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