2018: año eminentemente político

2018, un año eminentemente político. No “habrá cama para tanta gente”.


Tres elecciones para escoger los congresistas, la primera y segunda vuelta presidencial, marcaran sin lugar a dudas que este 2018 antes del Mundial de Futbol de Rusia, será un año de mucho ajetreo político.
Las cartas están echadas y no habrá “cama para tanta gente”, solo habrá 268 curules para disputarse entre 2957 candidatos entre quienes aspiran llegar al Senado y a la Cámara de Representantes.
Los colombianos y caucanos asistiremos a las urnas en medio de la falta de credibilidad y confianza en los partidos políticos, la crisis de la política y liderazgo regional, sin embargo, sabemos que sólo a través de la participación ciudadana podremos mejorar y escoger los mejores para que nos representen en el máximo escenario de la democracia.
Esta falta de confianza generalizada no hace bien a nadie. La fortaleza institucional es esencial, pues sean cuales sean las contingencias de un gobierno, el funcionamiento cabal de todas las instituciones asegura que el país pueda seguir marchando como una democracia normal y civilizada.
Para superar tanta violencia, corrupción y desprestigio político, solo el poder del voto popular es capaz de cambiar y perfeccionar un Estado democrático, que requiere de la participación mayoritaria y responsable de los ciudadanos.
Quienes ocupan cargos públicos, como en las altas cortes o en las cúpulas militar y policial, deben asegurar la dignidad de sus investiduras pero ante todo de las instituciones a las que sirven. Los malos desempeños personales no deberían lesionar la imagen pública de la institución en su conjunto, pues éstas permanecen y deben mantener su respetabilidad.
Por fortuna no todos los congresistas y políticos son iguales, pues hay quienes han venido con ahínco y responsabilidad ejerciendo su labor legislativa con decoro y merecen ser reelegidos para continuar la tarea del control político y ser voceros de las regiones y comunidades.
El futuro de los partidos y los liderazgos políticos va a depender de la forma en que los mismos se modernicen en sus estructuras en cómo se relacionan y vinculan con la ciudadanía. Ya que si los partidos o movimientos políticos quieren seguir ganando votos y que la gente acuda a las urnas no les va a quedar otro remedio que hacer las cosas bien y cumplir las promesas electorales.
Tan alta ausencia de legitimidad institucional es uno de los más graves problemas que habrá de remediar la democracia colombiana y la sociedad en su conjunto en el inmediato futuro con las próximas elecciones, eligiendo un Congreso que le devuelva la majestuosidad a las leyes y actos legislativos y un presidente que una a los colombianos para salir de la polarización en que cayó el país.
La desconfianza tiene que ver mucho con certezas y creencias; esta es parte de una falta de certeza jurídica, una falta de certeza en las leyes, incluso una falta de certeza en la autoridad, es decir una crisis de legitimidad y sin duda en una falta de certeza en los procesos administrativos.
Los partidos políticos no están ofreciendo a sus ciudadanos lo que nos han prometido en campañas y además los votantes convertidos en ciudadanos no tienen ninguna certeza de que la representación que ellos eligieron va a ser la más adecuada para garantizarles calidad en la democracia.
Pero como diría el gran maestro Guillermo Valencia Castillo, el caucano más notable del siglo XX y una figura cumbre de las letras colombianas en todos los tiempos: “Oh, democracia que nos matáis, por favor, no te mueras!



